martes, 26 de junio de 2012

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ LÓPEZ, AUTOR DE LA BIOGRAFIA “EL LISIADO TRÁGICO”

“El Estudio de la obra Diazmironiana – por su fuerza y belleza- continuará y aumentará indefinidamente”. Leonardo Pasquel.

Por: Miguel Salvador Rodríguez Azueta

Hace un año, localicé una biografía de Salvador Díaz Mirón en la Casa Museo que lleva su nombre. La obra estaba en muy mal estado, mecanografiada en el año de 1931 contenía anécdotas interesantes de la vida íntima del poeta. En un principio supuse que era una obra inédita, pues se encontraba incompleta y en el prólogo sólo firmaba el autor literalmente.  Al ser un gran reto para la cultura en el municipio, pedí ayuda a un selecto grupo de amigos escritores,  Jaime Velázquez Arellano y Antonio Herrera Cerezo, quienes  acudieron al pedimento.
Con el paso del tiempo, nos acercábamos y alejábamos de los indicios que nos dieran con el titulo e identidad del autor, una pista fundamental era que nuestro personaje había trabajado en el Decano de la prensa nacional, el diario el Dictamen.
Buscamos en la hemeroteca del diario, pero no encontramos datos concretos, cabía la posibilidad  de que fuera Edmundo Fentanes o Porfirio Sosa Zarate o en todo caso  peor, que utilizara un seudónimo.
Pero como todo en el Universo tiene un objetivo, un buen día, mi amigo Félix Martínez González,  de visita en el museo, me comenta ante mi congoja: ¡Oye chico yo tengo fotocopias de un libro llamado “El Lisiado trágico”, ¡Tal vez allí encuentres algo!.
 Así las cosas, cuando Félix me trajo las fotocopias cual fue mi sorpresa de que estábamos ante la misma obra, literalmente, las fotocopias habían sido sacadas del original en resguardo del museo, pero en la fotocopia de Félix se alcanzaba a leer algunas letras de la portada, que nos llevaban a deducir que se trataba del “Lisiado Trágico”.

Bien, teníamos un titulo, ahora a buscar el autor, y gracias al buscador  web, encontramos la respuesta. El Google arrojo sólo dos resultados, el  autor era un tal J.M. Benítez L. y  uno de los ejemplares estaba en la biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (www.inehrm.gob.mx). De inmediato y sin pensar en la cuenta telefónica hablé al personal de la biblioteca y después de un simple trámite, la Licenciada. Alejandra Aguirre, me envió escaneada la imagen de la portada.
 ¡Eureka!, las dos obras coincidían y el título completo es “El Lisiado trágico,  Apuntes sobre la interesante e íntima vida de Salvado Díaz Mirón”.
Pero, ¿Quien era J.M. Benítez  López?,  nuevamente logramos encontrar la luz gracias al maestro Antonio Herrara Cerezo, quien tenía la certeza de que era José Manuel Benítez López, talentoso periodista que había vivido en Veracruz en los años 20´s.  El maestro Herrera se avocó a contactar a la familia y gracias a eso,  los dos hijos del autor establecieron contacto y el día de hoy  queridos lectores les diremos quien fue el autor del Lisiado Trágico.
José Manuel Benítez López cuyo seudónimo llegó a ser “Otilio Orestes”,  nace en la ciudad de Tehuacán, Puebla  el  2  de febrero    del  año de 1897.  Siendo aún pequeño,  su familia se trasladó a radicar a la ciudad de  Orizaba, Veracruz   que lo vio crecer e iniciarse en el mundo del periodismo ejerciendo como corresponsal en el decano de la prensa nacional el “Dictamen”.
Nuestro personaje se traslada a la ciudad de Veracruz, donde finca su residencia contrayendo nupcias con la distinguida profesora Genoveva Jiménez Palaceta fundadora de la escuela María de la Luz Serradel, fruto de esta relación son sus hijos José Manuel y José Gabriel Benítez Jiménez.
Es también en esta ciudad donde se inicia en los conocimientos de la Masonería al hacerse miembro de la Gran Logia  Unida Mexicana,  misma que lo acoge en su seno.  
Por motivos de seguridad, a finales de los años 20’´s  José Manuel Benítez  López emigra  a la ciudad de México,  incorporándose a laborar en el periódico “Novedades  de México”, llegando a ser  Director.


“De los 500” inicia actividades, instituciones educativas y sociedad civil integraran este proyecto.

 Al acercarse la celebración de los 500 años de la fundación de Veracruz, el Centro Universitario Hispano Mexicano y la Fundación de la Crónica de la Ciudad de Veracruz desarrollarán una serie de cursos y conferencias sobre historia básica de la ciudad.

Con el objetivo de que los habitantes de la zona conurbada Veracruz-Boca del Rio conozcan los datos básicos de la historia de  la ciudad de Veracruz, el centro universitario Hispano Mexicano y la Fundación de la Crónica desarrollan una serie de actividades consistes en cursos, conferencias y difusión  en medios de este importante tema.
El director de la Universidad Lic. Francisco Ramírez Llaca informó que las acciones tienden a concientizar y preparar a la población sobre la importancia de celebrar los 500 años de la fundación de la ciudad, además las acciones serán  sustentables puesto que permitirán a la ciudadanía identificarse y preservar sus raíces así como también proporcionar los conocimientos básicos a los prestadores de servicios turísticos, para estar en posibilidades de orientar a los visitantes y de esta manera añadir un beneficio más a sus servicios.
El Lunes 25 de este mes a las 12:00 hrs se iniciaran las acciones del proyecto “De los 500” con la impartición de conferencias sobre la fundación de la ciudad a los empleados del café de la parroquia de don Marce, serán capacitados alrededor de 60 meseros y empleados que tienen contacto con el público para ofrecer un mejor servicio y sobre todo que el personal este identificado con la ciudad y su historia.
La conferencia durará tres hora y será impartida por el escritor veracruzano  Miguel Salvador Rodríguez Azueta, Presidente de Fundacrover A.C.


martes, 20 de marzo de 2012

LOMA PELONA Y LA BATALLA DE TOLOMÉ DE 3 DE MARZO DE 1832

Por: Miguel Salvador Rodriguez Azueta/FUNDACROVER A.C


 El municipio de Veracruz  y sus cercanías nos ofrecen una vasta cantidad de sitios culturales dignos de recorrer. Por ejemplo, un fin de semana - en vez de estresarse buscando un lugar para estacionarse en el “palomar” de un centro comercial-  dedicarse a recorrer los pintorescos pueblos que encuentran  a la orilla de la antigua carretera Veracruz-Xalapa, el famoso Camino Real.

Saliendo por el norte de la ciudad de Veracruz,  pasando Santa Fe,  el primer punto digno de mención es la entrada a la comunidad llamada Vargas, lugar que durante la primera mitad del siglo XIX fuera sede de la famosa hacienda de Manga de Clavo, en donde un solo hombre desidia los destinos de la nación. Pasando la comunidad de Puente Jula, llegamos a la población de Tolomé, perteneciente al municipio de Paso de Ovejas. El pueblo cuenta entre sus atractivos con una poza en donde los lugareños acuden a nadar en época de calor, un pequeño parque de base ball que los domingos es una locura, un hermoso escenario natural que sirvió para la filmación de la película Apocalipto de Mel Gibson y  un hecho histórico que debiera ser explotado por los lugareños, pero que desafortunadamente la mayoría desconoce y me refiero a que en dicho lugar el 3 de marzo de 1832 tuvo lugar una batalla entre las tropas del general Antonio López de Santa Anna  y las del ejército regular del presidente Bustamante al mando del General José María Calderón. Gracias a la traducción del diario un sobreviviente, el alemán Eduard Harkort (La derrota de Santa Anna en Tolomé, Louis Brister, Robert Perry, Southwest Texas State University) podemos contar con información relevante de lo que sucedió aquella mañana de marzo.  Previo a los hechos, pondré brevemente al lector en antecedentes. Desde el pronunciamiento en Veracruz por la guardia de San Juan de Ulúa en Febrero de ese año, Santa Anna  se había limitado a hostigar  desde su base en la ciudad amurallada a las tropas al mando del General Calderón, quien era antiguo enemigo suyo. De acuerdo a Harkot  las tropas del gobierno les superaban tres a uno, además de que eran tropas regulares y los “alzados” se componían en su mayoría de “jarochos” voluntarios admiradores del Santa Anna. Harkot menciona que al estar cavando trincheras cerca de rio medio, se percató que los soldados del gobierno se retiraban rumbo a Xalapa, recibiendo la orden el primero de marzo de detener las obras de defensa y en compañía de Santa Anna y el grupo de los “alzados”  se dispusieron a perseguir a la tropa del ejercito de Calderón sin contar con artillería, alcanzándolos cerca de un puente, “el único sobre el rio”, en el camino principal de Veracruz a Jalapa.  En mi opinión Harkort tal vez se refería al que estaba en el camino real a la entrada de Paso de Oveja y que fue destruido por la creciente del rio durante el paso del huracán Car en el 2010. Por Harkot   también sabemos que Juan Andonaegui y Pedro Telmo Landero, militares cercanos a Santa Anna  y veteranos de la Batalla de Tampico fueron masacrados. Andonaegui al dirigir un ataque de su batallón para tomar la artillería enemiga al otro lado del puente,  fue recibido por una descarga de metralla, Pedro Telmo y sus hombres fueron muertos en una loma cercana, cercados por infantería y caballería. Ambos fueron enterrados con honores en el cementerio nuevo de Xalapa en 1833.

Si este hecho no fue en el puente colonial que hasta hace unos años existió en la entrada de Paso de Ovejas, tal vez pudo ser en un pequeño rio a las afueras de Tolomé llamado Loma Fina y que según los pobladores era conocido como Loma Pelona, porque los ancestros les comentaron que un “pleito entre  gente de gobierno”  tanta fue la cantidad de muertos que tuvieron que incinerarlos y que el pasto no volvió a crecer en mucho tiempo. Leyenda que refuerza lo escrito por Enrique Serna en su obra El Seductor de la Patria,  cuando al referirse a dicha batalla afirma que en  aquel lugar no volvió a crecer la yerba y espantaban.

No cabe duda que nuestro Estado alberga un buen número de sitios e historias que conocer, el municipio de Paso de Ovejas a 15 minutos de Veracruz es uno de ellos. De hecho, aprovecho para agradecer el apoyo del profesor  Gonzalo Varela, Director de la danzonera la playa y oriundo del pueblo quien gentilmente me asesoró para el desarrollo de este y otros artículos que serán publicados próximamente.

La gesta Insurgente del 7 de julio de 1821, hecho de armas ocurrido en las calles del centro histórico de Veracruz.

Por:  Miguel Salvador/FUNDACROVER A.C.

Disculparan mi insistencia, pero creo necesario y hasta indispensable traer a la memoria colectiva  hechos pasados que confirman la importancia histórica de la antigua ciudad de Veracruz  y que hoy a escasos 7 años de conmemorar nuestros 500 años de fundada debemos de preservar y difundir entre nuestros hijos.

Gracias al trabajo de investigación y recopilación del  Dr. Juan Ortiz Escamilla hace dos años se publicó la obra: “Veracruz, la guerra por la independencia  1821-1825”. El Dr. Ortiz tuvo acceso a importantes archivos históricos como el de la defensa nacional en México y  el  militar de Madrid entre otros, por lo que  podemos hacernos una idea más clara de los hechos que tuvieron lugar el día 7 de julio de 1821 en la ciudad de Veracruz.

¿Qué sucedió ese día? Bien, por razones de espacio, extractare los hechos más importantes de siguiente manera:  Siendo las 3.30 de la madrugada del 7 de julio,  tropas insurgentes al mando del brigadier  Santa Anna logran apoderarse del baluarte de San José y San Fernando, que se encontraban aproximadamente en lo que hoy es la escuela Josefa Ortiz de Domínguez y los edificios que están sobre Rayón hasta llegar al Café de la Merced, logrado el objetivo la avanzada logra abrir la puerta Merced que se encontraba en la parte sur de la ciudad y que actualmente es la entrada de la avenida Independencia antes calle Real.

Una vez abierta la puerta Merced el grueso de la infantería y caballería insurgente  entra a tropel por la calle Real (Independencia)- entre gritos, amenazas y toques de clarín que ordenaban Degüello-   doblando en la calle del Vicario –hoy Mario Molina- dividiéndose los grupos, uno trata de tomar el palacio de gobierno por el portal de Miranda y otro coloca un cañón de a 4 en la esquina de la hoy avenida Zaragoza para atacar la aduana. Los oficiales Realistas una vez repuestos de la sorpresa ordenan a la tropa que mantengan el baluarte Santiago y que las tropas que habían abandonado los  baluartes de santa Barbará, santa Gertrudis y san Xavier, regresen a sus puestos.

 Al clarear el día,  refuerzos realistas desembarcan en el muelle, provenientes del castillo de San Juan de Ulúa y de los buques de guerra anclados. Estos son soldados profesionales del regimiento de Mallorca y tropa de marina, se dividen en dos grupos  haciendo retroceder a los insurgentes, quienes en su mayoría  al carecer de instrucción militar estaban más entretenidos en la rapiña que en mantener sus puestos. Así las cosas los soldados del rey fueron rechazando a los atacantes  hasta la puerta Merced,  misma que  fue cerrada por las tropas que se habían resguardado en el baluarte Santiago, transformándose la retirada insurgente en una desastrosa huida, no pudiendo escapar todos por la puerta se dice que muchos saltaban desde los baluartes del sur, siendo balaceados por los baluartes.

Los Realistas contaron entre muertos y heridos 300 hombres, un cañón de a 12, uno de 6, municiones, una bandera, dos cajas de guerra, dos cornetas, una bandera, 50 fusiles y 120 caballos.

En carta 18 de julio, Santa Anna solicita a Iturbide de ser posible 1000 hombres y oficiales, porque da a entender que sus soldados aunque valientes no son militares profesionales.

Así las cosas y aunque actualmente se minimiza este hecho de armas, hay que reflexionar que días después arriba a la ciudad don Juan O´Donojú, encontrando un panorama desolador, la ciudad sitiada y la guarnición escasa, lo que en mi opinión favorece que los tratados de Córdoba sean firmados a los pocos días.

viernes, 17 de febrero de 2012

LA BATALLA DE CERRO GORDO DE 1847

SAQUEO Y OLVIDO



Por: Miguel Salvador Rodríguez Azueta/FUNDACROVER A.C.



Hace aproximadamente 8 años escribí un articulo intitulado “Cerro Gordo memoria olvidada” (http://www.h-mexico.unam.mx/node/6543). Hoy, al acercarse los 165 años de aquella gesta heroica, me siento obligado a  retomar el tema para refrescar “memorias olvidadas” y buscar la manera más respetuosa de acercarme a las autoridades para recordar a los cientos de patriotas que ofrendaron sus vidas el 17 y 18 de abril de 1847.  

¿Mi motivación? Hace unos días fui a la ciudad de  Xalapa con mi buen amigo Chema Pellit,  de regreso decidimos pasar por la carretera antigua a petición mía, para mostrarle los famosos  Cerros donde había tenido lugar dicha batalla. Cual va a ser mi sorpresa que en 8 años, ya no solo es una antena que corona la cima, sino dos y ni rastros de la placa conmemorativa o mojón que indicaba el lugar de los hechos, con tristeza me percate que cada día la “casamata”  va desapareciendo.

Llegando a la ciudad de Veracruz me avoque a darle seguimiento al caso,  revise y aún se encontraba publicado mi artículo, al navegar en la red con sorpresa me encontré con un sitio web  sobre tesoros antiguos,(http://www.buscadores-tesoros.com/t1665-trincheras-y-canones-de-1847-en-cerro-gordo) en donde hay fotos muy claras de restos que algunos aficionados han encontrado, entre estos me llamó la atención una placa,  al parecer de mármol,  en honor del general Ciriaco Vázquez -quien perdió la vida en la defensa - en  la misma se puede apreciar la fecha en que fue hecha colocada , ¡ 1947!, es decir en el centenario de la batalla.  De inmediato  me surgieron varias  preguntas ¿Dónde está esa placa?  ¿Qué pasa con nuestra memoria historia? ¿Qué pasa con el respeto a nuestros soldados caídos? ¿Quiénes son los saqueadores?  Y muchas otras que también al lector le vendrán a la mente, como ¿Qué paso en Cerro Gordo?, ¿Por qué tanto escándalo?

 Para quienes no saben o no quieren recordar que paso en Cerro Gordo, me permito trascribir lo siguiente.



Después de la capitulación del puerto de Veracruz el 28 de marzo de 1847, El General Scott comprendió que tenía que sacar del clima insalubre a su ejército por lo que entre la alternativa de los caminos a seguir para llegar a la ciudad de México, encontró que la más viable era por Xalapa, por lo que avanzó sin dificultades y acampó en Plan del Río. Por su parte Santa Anna decidió esperar el avance invasor en Cerro Gordo.

La posición de ambos bandos  quedo de la siguiente manera: Santa Anna acampó en el margen derecho del camino nacional en lo que hoy en el poblado de Cerro Gordo, en las cimas de los cerros de la Atalaya y el Telégrafo mandó a colocar algunos cañones (4 baterías), en el Cerro del telégrafo estaba el General Rómulo Díaz de la Vega con 1,400 hombres y una batería de siete cañones. En la entrada, hacia el sur, estaban 3 batería con 19 cañones comandadas por los Generales Luis Pinzón, José Maria Jararo y el Coronel Badillo, en total unos 12 ,000 hombres.

 El General Scott elaboró un plan de envolvimiento; una de las divisiones se dispondría a pasar por el lado derecho del Cerro de la Atalaya y llegar por la retaguardia para cortar la carretera nacional y con eso, evitar la retirada del ejército mexicano y obligarlo a la rendición.

 Así la división del General Twiggs se encargaría de dicha operación por lo que se dividió en tres brigadas, la del Coronel Harney se encargaría de distraer a los defensores de los Cerros la Atalaya y el Telégrafo, mientras las brigadas de Shields y Riley llegaban a las espaldas del campamento mexicano.

 Mientras esto ocurría, las brigadas de Pillow en el sur distraía al grueso de las fuerzas mexicanas, atacando las Baterías de Pinzón, Jararo y Badillo.

 La división de Worth que estaba llegando el día 17 de abril, procedente de Veracruz siguió a la de Twiggs.

 Cuando los vigías del Cerro de la Atalaya descubrieron a Twiggs, éste se vio forzado a tomar dicho Cerro, para lograr la distracción de la fuerza mexicanas del objetivo principal, el corte de la retirada.

 Cuando los americanos tomaron el Cerro de la Atalaya, Santa Anna mandó a reforzar el Cerro del Telégrafo con el General Ciriaco Vázquez, el 2 y 4 de Infantería además de 2 cañones y Batería de 5 cañones, el 2 de infantería y caballería que por cierto, en los cerros no podía maniobrar.



Desafortunadamente para ese momento los americanos ya tenían en el Cerro de la Atalaya nuestros cañones más los suyos de 24 pulgadas y nos barrieron.

 El día 18 de abril, a la 7 de la mañana, las fuerzas de Harney apoyadas por la artillería de la Atalaya, atacaron el Cerro del Telégrafo y capturaron sus primera línea de defensa mientras tanto otra fuerza atacaba las tropas de reserva y las Baterías ubicadas en el Cerro.

 Por su parte en el sur, Pillow, confundido en su ruta, fue a presentarse a tiro de pichón de las Baterías de la entra sur y tuvo mucha bajas, incluso el mismo Pillow, fue herido.

 La mala fortuna quiso, que los defensores del sur, se percataran que su retaguardia estaba perdida, y los Cerros tomados y prefirieron rendirse.

 Para ese momento las brigadas de Shield y de Coronel Eduardo Baker con el 4 regimiento de Illinois pasaban el Cerro del Telégrafo y atacaron el campamento mexicano haciéndose del control de la carretera nacional y la ruta de evacuación, por cierto entre la confusión y la masacre, se perdió la pierna preferida del General Santa Anna y su tren de aprovisionamiento con 16,000 pesos en plata para la paga de los soldados.

 Para las 10 de la mañana del día 18 de abril todo había acabado, Santa Anna y unos 6000 hombres huyeron  como pudieron del campo de batalla, dejando unos 3000 prisioneros y alrededor de 350 muertos, incluyendo la valiosa perdida del General Ciriaco Vázquez en el Cerro del Telégrafo.