domingo, 25 de enero de 2015
lunes, 29 de diciembre de 2014
BERNARDO GONZALEZ PEÑA, UNO NUNCA DEJA DE APRENDER
Por: Miguel Salvador
Rodríguez Azueta
A Bernardo González Peña le
gusta Sofía Loren- fue el inicio de la conversación- Nacido en esta preciosa ciudad de
Veracruz, hace algunos años, Bernardo es
un hombre puntual y ya me esta esperando para la presente entrevista.
¿Cuándo
Bernardo tiene su acercamiento con el Arte?
Desde
pequeñito, antes de aprender a leer y escribir, ya pintaba las paredes de mi
casa, aunque fui un niño solitario, viví una niñez bonita con mis padres. Mi padre era diplomático agregado
cultural del consulado cubano en Veracruz y mi madre era de Córdoba, Veracruz.
¿Eras
un niño solitario?
Sí,
no me gustaba jugar con nadie. Utilizaba mi imaginación personalísima, no
participaba con los demás niños jugando en la calle, pero me gustaba observar,
tenía inquietud por observar, algunos pueden decir que era chismoso.
¿Qué
más recuerdas del pequeño Bernardo?
Aprendí
a nadar gracias a un tío, hermano de mi mamá, que fue campeón estatal de nado y
¿sabes una cosa?, Aprendí en el lugar más difícil, en el mar.
Cuando
mis padres comprendieron que tenía talento para dibujar, me compraron crayolas
y un blog de dibujo, nadie me guio, ya lo traía y dibujaba bien, tanto así que
a la edad de 6 años ya agarraba los que fuera para dibujar, crayolas, lápices,
y pues mi madre a insistencia de los amigos me llevó a la Escuela Municipal de
Artes Plásticas.
Eso
sí, quiero aclarar, que gracias a Dios mis padres me llevaron al Kinder, en ese
lugar me volví loco con lo que me dieron
para crear. El Kinder fue esencial para
desarrollar tus habilidades.
¿Cómo
fue tu estancia en la Escuela de Artes Plásticas?
Mi
madre me llevó a la Escuela Municipal de Artes Platicas, que estaba en el Edificio
Trigueros, pensaban que no me iban a
admitir por la edad, pero Félix Guerrero, me ayudó a entrar, fui el único niño que por sus
habilidades fue admitido.
El
señor Armendariz era el director, se fascinaron con mis habilidades, tenía como
7 u 8 años.
La
Escuela de Artes Platicas fue un lugar
de gran tradición artística, desafortunadamente las autoridades no le han dado seguimiento.
¿Cómo
fue tu desarrollo artístico?
Antes
de entrar a la Secundaria mi padre me
consiguió una beca en cuba, estudie en la Escuela Nacional de Artes Cubanacan,
tres años.
De
regreso a Veracruz, termine mis estudios en la escuela José Azueta -creo que
soy la tercera generación- para validar
mis estudios, curse el tercer año y termine.
Luego
hice mi preparatoria en la Escuela Nocturna, entre a trabajar en un despacho de
Arquitectos, donde me desempeñaba como ayudante de dibujo.
¿Tu
estancia en la ciudad de México?
Me
fui a estudiar diseño gráfico a la ciudad de México, allá trabaje con un
pariente que estaba encargado de la construcción del Metro, el ingeniero José Ángel
Barquet, me dedique a ser ayudante del Contador y termine mi carrera
profesional en Diseño Gráfico, pero mi pariente me dijo algo muy duro: “Los
artistas se mueren de hambre” así que termine mis estudios y me especialice en
Italia.
Conseguí
una beca para estar tres años en Roma en la Escuela de Arte y fue una
experiencia muy enriquecedora. Viví en Urbino
Pesaro, el centro de Italia.
Para
que esto fuera posible tenía que acreditar el conocimiento del idioma italiano.
En 6 meses no salí de la Embajada Italiana en México.
Ya
en Italia estudie en el Instituto Estatal
de Arte y por las tardes mi especialidad en Diseño Gráfico.
¿Por
qué no regresaste a Veracruz?
¡No!,
Veracruz estaba gris, sentía que no evolucionaba, tuve que esperar 20 años,
para poder ver, artísticamente hablando, que las cosas mejoraban. Fue una diáspora de Artistas como Rafael Guerrero y
otros que no regresábamos a Veracruz por falta de apoyo, de espacios.
¿Cuándo
decides regresar?
Mi
vida la hacia en México, allá expuse en muchos lugares, como el Centro Cultural
Veracruzano, en el Instituto Italo Mexicano, en la Escuela Nacional de Artes
Graficas, etc., pero vino el terremoto de 1985 y yo quedé espantado, fue muy
traumatizante y decidí regresar a
Veracruz.
Actualmente Bernardo
González sigue promoviendo su obra, para conocer más o contactarlo al cel. 2291406375 o en FB Bernardo González Peña,
artista.
@miguel_salvador
miércoles, 10 de diciembre de 2014
EL PRIMERO DE MAYO, EL VERACRUZ DE LOS AÑOS 50´S
Rafael Diez Garelli
En el Veracruz de mi niñez, en los
tempranos años 50 del siglo pasado, los
días primero de mayo eran muy emocionantes, no porque sucedieran cosas
extraordinarias sino porque estaban
revestidos de una atmósfera especial. En primer término, no había clases.
Iniciaban así los días festivos del mes de mayo que se prolongaban con el 5, el
10 y el 15.
Pero lo principal es que no trabajaba ¡NADIE!
porque la prohibición de laborar era rigurosa. No sólo los comercios estaban obligados a cerrar sino también los servicios, de tal manera que
no había transporte público, ni cines ni restaurantes. Únicamente se permitían
algunas corridas de los autobuses foráneos y las normales del ferrocarril (que
entonces era el principal medio de transporte de pasajeros). Incluso se
rumoraba que en algunas poblaciones, brigadas de sindicalistas recorrían las
calles en busca de violadores de la prohibición a los que aplicaban castigos
ejemplares mientras las autoridades se hacían de la vista gorda.
El 30 de abril ya era el día del niño, pero
a lo más te daban un dulce o un refresco en la escuela al salir a recreo y la
jornada continuaba como siempre. Pero al volver a casa se empezaba a sentir el
ambiente especial porque los adultos hacían planes para el día siguiente. Como
el mercado no abriría, la noche anterior permanecía funcionando hasta las doce
de la noche y aunque sólo sería por un día el cierre, las amas de casa lo
invadían y hacían compras como si fuera a permanecer clausurado un mes.
Lo mismo sucedía con las tiendas, desde los
ultramarinos de pretensiones (como La Sevillana, que estaba en la avenida
Independencia) hasta el más humilde tendajón de cuadra, permanecían en
funcionamiento hasta la sacramental medianoche, perfectamente surtidos y
despachando a una clientela previsora de la escasez del día siguiente. Ni aún
de “tapadillo” los comerciantes se atrevían a abrir. Este trasiego de gente
comerciando hasta altas horas de la noche era inusual y emocionante. Además,
con la perspectiva del feriado, las familias prolongaban la tertulia nocturna
de plática afuera de las casas en sillones, sillas y mecedoras y mientras los
adultos platicaban los niños jugábamos en la calle.
El descanso total del día primero llevó a
las familias a la decisión de que la mejor manera de afrontarlo era ir de
excursión, para lo cuál la familia extensa
(abuelos, tíos, primos, compadres, etc. entre más, mejor) alquilaba un
autobús urbano (único día que no trabajaban, pero sí se les permitía las
contrataciones privadas) para trasladarse desde muy temprano a las siguientes
opciones:
La
más favorecida era la de Medellín de Bravo para pasar el día a la orilla del
río, visitar las huertas y acarrear
mangos, tantos que siempre acababan por pudrirse. Se llevaba un copioso
cargamento de comida y bebida, sillas plegables, toldos, hamacas, hieleras y
toda clase de adminículos (por si llegaran a ofrecerse) que mas que una
excursión parecía un migración del antiguo oeste. Dada la popularidad de esta opción, Medellín llegó a ser
insuficiente así que la gente acabó por desparramarse desde El Tejar hasta Jamapa.
Los
clasemedieros de pretensiones emprendían el viaje en auto hacia Puente
Nacional; también temprano porque sus
iguales xalapeños hacían lo mismo y entonces había una carrera entre costeños y
arribeños para ver quién copaba antes las instalaciones del balneario y
empujaba a los otros a la incómoda ribera del río.
Los
que andaban más cortos de recursos se dirigían a Mocambo y aunque la pasaran
muy bien no hacían alarde de su excursión porque era a un lugar habitual de los domingos.
Los
más exóticos tomaban el tren mañanero hacia La Antigua o Atoyac, que eran
paseos bonitos pero no se tenía la seguridad sobre la hora del regreso, pues la
única forma de llegar ahí era un ferrocarril que no se caracterizaba por su
puntualidad. Así que había familias que
regresaron de madrugada o tuvieron que pasar la noche en la estación.
Los
muy audaces se trasladaban a sitios más lejanos como Alvarado o Tlacotalpan,
pero no eran muchos lo que hacían esto.
Los
menos favorecidos sólo iban a bañarse a las playas de Regatas, Villa del Mar o playa Norte y volvían a casa para comer.
Y
al final de todo, había familias a las que sus escasos recursos o su falta de
entusiasmo determinaba que no iban a ninguna parte, pero eso sí se reunían a
comer en el patio de una casa, con montañas de antojitos y muchos cartones de
cerveza.
Al caer la tarde, los viajeros de regreso
saturaban las carreteras y el tráfico lento aumentaba las molestias de los
indigestados, de los beodos y de los accidentados porque mínimo se regresaba
con raspones en las extremidades.
Los que no habían salido procuraban
recuperar algo de normalidad trasladando la reunión del patio a la banqueta y
cortando el flujo de bebida, motivo más que suficiente para que los asistentes
comenzaran a disgregarse. Así que el día festivo terminaba muy temprano, con la
gente agotada y llena de malestares. Casi nadie tenía ganas ni capacidad de
cenar y sólo se comentaban brevemente los zafarranchos ocurridos en el desfile
obrero (multitudinario, obligatorio bajo amenaza de descuento y presidido por
las autoridades) y de los accidentes carreteros (también infaltables, porque
hasta los choferes le entraban a la bebida).
Con el transcurso de los años se fueron
aflojando las restricciones y las familias fueron ganando en recursos
económicos y en sofisticación. Se permitió que los servicios funcionaran (en
cuanto concluía el sacrosanto desfile obrero); después que lo hicieran los
comercios y finalmente el que quisiera,
con la salvedad que había que pagar al triple el salario de los trabajadores,
lo que sigue siendo un gran incentivo para que muchos patrones prefieran
festejar el día del trabajo.
Las opciones del feriado murieron por su
sencillez y obviedad. Primeramente fueron calificadas de aburridas y la adjetivación fue progresando hasta que
finalmente el epíteto “nacas” les dio el tiro de gracia. Y el emocionante primero
de mayo, pasó a ser una fecha más al desaparecer el ritual solemne y festivo
que lo caracterizaba.
Noviembre de 2014
Rafael Diez Garelli, Veracuz 1946, Licenciado en Derecho por la
Universidad Veracruzana, Secretario Particular de la Secretaria de Gobierno del
Estado 1998-2003, Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Comisión
Estatal de Derechos Humanos 2003-2011, Catedrático de Literatura Universal,
Literatura Mexicana, Taller de Lectura y Redacción, Filosofía, Historia y
Problemas de México, Historia Universal, Sociología en escuelas públicas y
privadas en el nivel Bachillerato durante 30 años, participante del taller
literario de Jaime Velázquez, miembro de las salas de lectura Ora Lee de la
USBI y Veracruz 500 años del IVEC.
NACIÓN JAROCHA, ABISMO CULTURAL ISIDRO LAISEQUILLA, UN JAROCHO EN MEDIO ORIENTE
Por: Miguel Salvador Rodríguez Azueta
La Historia del solar porteño
se ha enriquecido durante siglos por la impronta de personajes peculiares.
Hombres y mujeres - nacidos o no, en este rincón de la patria que sabe sufrir y
cantar – con sus aportaciones sociales (políticas, culturales, artísticas) le
han dado a Veracruz un lugar en el escenario nacional e internacional.
Isidro Laisequilla, es un
ejemplo de estos personajes, nacido “¡Hace un chingo de años!” – según sus
palabras- en el Carlos A. Carrillo, específicamente dentro del Ingenio San
Cristóbal.
¿Tu
familia es Veracruzana?
¡No!,
mis padres llegaron a Cosamaloapan, porque mi padre fue contratado por perfil
académico en agronomía por el Ingenio San Cristóbal, ellos eran del Paso Texas.
Al
no existir hospitales en el municipio- en aquel tiempo- me trajo al mundo el medico del Ingenio, el
Dr. Coppola, cosas de la vida, quien iba a decir que pasado el tiempo anduviera
en cosas del Cine como Francis Ford Coppola.
Entiendo
que parte de tu vida juvenil te la pasaste viajando y trabajando en el
extranjero.
Si,
la ventaja de dominar otro idioma,
porque mi madre siempre me insistió y es gracias a ella, que tuve la
oportunidad de viajar a Estados Unidos y Europa, el idioma me abrió las puertas
de varios trabajos como fotógrafo lugares como los Ángeles, Nueva York y Paris.
¿Cuando
decides regresar a Veracruz?
Bueno, yo estudie fotografía
desde los 12 años, después de viajar, me fui a estudiar a la Universidad de la
Américas en Puebla, Artes Graficas, después regrese al puerto y fui fotógrafo
de Control de Calidad para el proyecto de Laguna Verde, pero un día me
ofrecieron empleo como fotógrafo de sociales en el Decano de la Prensa Nacional,
acepte y me quede en el puerto
Tal
parece que Veracruz e Isidro deciden hacer un pacto, ¿Ambos seguirán juntos?.
¡Claro que sí!, de hecho mi
trabajo como director y productor de cine lo sigo desarrollando en el puerto a
pesar de las limitaciones. Hace otro “chingo de años” realicé mi primer corto
con Armando Mejia Lavalle y Tomás
Tejeda, que se llamó “Internado”, el cual ganó muchos reconocimientos, a la
fecha llevo más de 13 cortometrajes, incluido “Amor Mio”.
Me quedó en Veracruz, porque
para mi, el periodismo ha sido un
escaparate, y cuando tome esta decisión la vida en México era mejor, vida
buena, tranquila, más relax y digna, a
diferencia de otros países.
Eres
de los pocos jarochos que son invitados a exponer su obra cultural en Medio Oriente,
¿Cómo te fue en los Emiratos?
Muy bien, metí mi propuesta
de exposición en la Embajada de los Emiratos y ¡Zaz! Que me invitan, fue un
viaje de 26 días, por lugares como Dubai, Abu Dabi, Sharjah y Ajmán.
Una de las anécdotas
chistosas, es que allá no hay pobres,
pero en cuestión de estudios geográficos no andan muy bien, me
preguntaban de donde era, les decía que Veracruz y me respondían: ¡Ah Miami,
Miami!
En Dubai done obra de arte y
en Abu Dabi participe en el 8° Festival Internacional de Cine, de hecho es un
proyecto muy parecido a lo que se intenta hacer con el Festival Internacional
de Cine Extremo aquí en Veracruz.
¿Los
médanos de los Emiratos te recordaron tu
tierra?
¡Ja, ja!, fíjate que sí, me
acorde de los médanos de Mocambo, de aquellos tiempos de juventud, pero la
arena es diferente, la de allá más como un polvo fino.
Lo que si te puedo decir es
que allá no hay tanta cárcel o policías, la sociedad es estricta y hay mucha
seguridad, no puedes, como aquí, andar echando “Desmadre” en la calle, allá si
no se andan con cuentos.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
LOS CUENTOS DEL SOLAR PORTEÑO DEL JAROCHILLO SARMIENTO
EL
KILOTE DE LA HUACA
Por. Miguel Salvador Rodríguez Azueta
CAPITULO
I
Que
trata del jelengue acontecido al famoso caballero don Kilote de la Huaca,
después de la requisa del Puerto.
En un lugar del barrio de la
Huaca, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un
caballero que había pertenecido a la elite del Sindicato de Maniobristas del puerto
de Veracruz.
Ni tan joven, ni tan viejo,
Alfonso Esquilano, rondaba en los 63 años, de los cuales 20, había disfrutado en
Jauja gracias a las ganancias de sus
negocios ilícitos en los muelles.
Rozagante y pasado de carnes
antaño, hoy chupado de rostro y de ausente talega, el Kilote habitaba una
bohardilla en una vecindad del Barrio de la Huaca.
Caído en desgracia a partir
de la Requisa de los Servicios Portuarios el 31 de mayo de 1991, al Kilote le
dio por vivir de recuerdos idos, añorando un pasado de francachelas y guateques.
Apodado el Kilote, porque
cada vez que disfrutaba de las ganancias de algún negocio organizaba una buena
comida con sus amigos del Sindicato y solía pedir todo por kilo.
Kilos de camarones, kilos de
pulpos, kilos de mota y kilos de coca, así de kilo en kilo, se quedó el mote
del Kilote de la Huaca.
La requisa lo dejó
literalmente en la calle, junto con otros cientos de compañeros de los
sindicatos de checadores y amarradores, tuvo
que apoquinar al Banco lo que debía -
que era lo más - liquidar su casa chica
y grande y vivir provisionalmente en el interior de su Ford Mustang modelo 1970,
hasta que su hermana Dorotea se apiado y le dejó arrumbarse en una diminuta bohardilla en su antigua casa del barrio de la Huaca.
Dorotea era viuda y vivía
con su hija Fernanda, apodada la “Pelona”.
De reciente ingreso a la filas de “La
Legión de María”, Dorotea, pretendía ejercer su devoción a través de la
caridad cristiana con nuestro personaje, cosa que le costaba mucho trabajo,
pues el Kilote era de buena memoria y a la menor oportunidad le recordaba a
Dorotea que en su juventud había sido de moral distraída o como dicen los
jarochos: “De culo alegre y bullanguero”.
-
¡Cuando ya no las quiere el diablo se
entregan a Dios!- le espetaba el Kilote en su cara.
En sus ratos de ocio- que
eran los más- el Kilote leía ávidamente
las aventuras de Kaliman, el Pantera y Chanoc, lo que poco a poco, junto con su
afición al aguardiente de caña – en cualquiera de sus presentaciones- lo que
contribuyó ún más a quemarles las neuronas.
Nuestro personaje, tenía
cierto parecido físico con Tsekub Baloyan, el padrino de Chanoc, incluso en su
forma de vestir, un viejo pantalón de mezclilla y una playera roja llena de bujeros cortesía de una añeja campaña
política, eran su outfit diario.
Sin embargo, cuando era convidado
a algún jolgorio, se enfundaba en una especie de disfraz, consistente en una
camisa de color chillón con estampados florales, un pantalón gris de origen
blanco, zapatos del mismo tono que pintaba con corrector líquido y un sombrero
tipo borsalino, adaptado al trópico y que no le ajustaba porque era más chico
que su cabeza.
Cierto día, después de un
Carnaval, el Kilote dejó de asistir a la banca que servía como oficina a los damnificados
de la requisa Salinista, pues pensó que
20 años ya eran suficiente y que ese plantón en la plaza de armas de la ciudad
de Veracruz ya se había convertido en selva.
Al Kilote se le hizo una
pérdida de tiempo estar exigiendo unos derechos, que los políticos se los
pasaban por el izquierdo, así que, obnubilado por las aventuras de sus
personajes de las revistas de historietas y al exceso de aguardiente, decidió sacudirse
la modorra y emprender nuevas
aventuras.
Sin poder mover su viejo
mustang - por falta de dinero para gasolina y repuestos- el Kilote empezó a recorrer la ciudad a pie, en
busca de chipotes que aplanar y jelengues
que aquietar.
No tuvo que ir al carajo para toparse con jiribillas dignas de versarse, apenas
cruzó el umbral del patio de vecindad, se encontró con Pancho Tranza, quien
animado por las visiones aventureras y la promesa del Kilote de nombrarlo
gobernador de la Isla de Sacrificios o mínimo de darle un Agencia Municipal en Villarín
(Zona rural del municipio), se animó a ser su fiel escudero y arriesgar la
zalea en pos de estas correrías.
Continuara…
DICCIONARIO
DE LA MUY DEMOCRATICA Y REPUBLICANA LENGUA JAROCHA
Apoquinar: Pagar de mal
gana.
Arrumbar: Abandonar algo en
una habitación.
Bujeros: Hoyos
Bullanguero: Alegre y
fiestero, afecto a la Bullanga.
Bullanga: Bullicio y jaleo.
Carajo: Lugar lejos.
Correrías: Aventuras
Chipote: Protuberancia,
chinchón.
Francahela.- Reunión para
beber y comer en exceso.
Guateque.- Baile alegre
Jauja.- Lugar mítico de
prosperidad y riqueza
Jelengue.- Molestia,
contratiempo
Jolgorio.- Fiesta animada
Jiribilla: Trampa/revoltoso
Zalea.- Cuero de oveja que
conserva su lana. “Perder la zalea” perder algo valioso que da confort.
Pachanga.- Fiesta
Outfit: Conjunto de ropa
Talega. Panza
CAPITULO
II
Que
trata de la primera correría del famoso caballero don Kilote de la Huaca, por
los Portales de Lerdo.
Así las cosas, el Kilote y
su nuevo amigo, Pancho Tranza empezaron a recorrer el centro histórico de la
ciudad de Veracruz buscando chipotes que aplanar y jelengues que
aquietar.
Caminaron a lo largo del
bulevar con dirección al norte. Al pasar por el un famoso Circo con Animales Marinos se detuvieron a aguardar el color verde
del semáforo peatonal. Kilote observó a un grupo de chiquillos harapientos
haciendo malabares para pedir dinero a los automovilistas. Triste escena, pues
las pocas monedas que ganaban las utilizaban para comprarle a un sujeto un
trapo empapado con solvente, al que le suelen echar también frutas, conocidas
como “Monas de Guayaba”. Tal escena incomodo al Kilote, provocando que hiciera gala
de lo que le quedaba de memoria al recordar aquella frase de Díaz Mirón: “La inopia vive sin un halago sin un
consuelo, sin un placer. Sobre los fangos
y los abrojos en que revuelca su desnudez cría querubes para el presidio
y serafines para el burdel”.
Aquella tarde, Kilote y Pancho
se la pasaron tomando aguardiente de caña en la playa de Regatas; al caer la
noche, decidieron caminar hacia la zona
de los Portales de Lerdo, así referidos en los mapas por encontrarse sobre la
calle que lleva el nombre del insigne veracruzano don Miguel Lerdo de Tejada,
pero por cuestiones de pereza mental muy propias del trópico, a los jarochos les había dado por mentarla
como Lerdo -así a secas- sin especificar si se trataba de don Miguel o don
Sebastián, ambos ilustres personajes de la historia matria y patria.
En los otrora alegres
Portales, existían hoteles y restaurantes, de antigua gloria, algunos aún conservaban
la impronta de su jauja y otros- los muchos- estaban esperando – al igual que los dueños –
que la gravedad hiciera su trabajo.
Uno de ellos, a punto de
desplomarse el techo, servía como albergue a los menesterosos de la zona. El velador
o encargado, era un viejo empleado del hotel, a quien los dueños se negaban a
liquidar por sus años de servicio, así que le habían dado el cargo de “vigilante”
con la aviesa intención de esperar a
que el techo se le viniera encima, y con eso salían ganando, así no pagaban
liquidación y se ahorraban la remodelación y cuitas ante el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia).
Aquel antiguo hotel, más
fachada que interior, conservaba poco indicios de sus mejores tiempos, dentro
sólo quedaban desechos.
Desechos; ¡Sí! literal, de muebles y de la sociedad. Un mesero y dos recamareras – en las mismas
condiciones que el vigilante, nunca recibieron su finiquito del hotelero trácala – quienes al no tener lugar
donde ir, decidieron esperar la justicia de los hombres en aquel lugar.
Otros huéspedes, de
semejante ralea, eran un indigente lunático
que se decía maestro de Yoga, y que para colmo se llamaba Lorenzo, tres
teporochos, una bandada de murciélagos y palomas que se alternaban la guardia -
en el día las palomas salían a buscar comida y en anoche lo propio los
murciégalos - así como cientos de ratas, un perro, dos gatos y un zopilote rey,
por herencia solitario.
Febril en su mente, el
Kilote al llegar a la zona de los Portales confundió aquellas ruinas con un
regio hotel de cinco estrellas, pidiéndole al velador, que también era un amigo,
una habitación clase presidencial para él y su fiel amigo Pancho Tranza.
El viejo velador,
acostumbrado a tanto loco, no le presto interés a los argüendes del Kilote, aceptando darles albergue por aquella noche, a
condición de que consiguieran algo de beber y de comer para todos los huéspedes
humanos.
Al Kilote, aquella condición
se le hizo ligera, - ¡Como echarse un buche del océano!- dijo, mientras se
rascaba la cabeza pensando cómo conseguir algunos morlacos y ayudar a aquellos
menesterosos pues invocando nuevamente al bardo veracruzano le dijo a su amigo
el gerente de aquellas ruinas:
“Sabedlo, soberanos y
vasallos, próceres y mendigos: nadie tendrá derecho al os superfluo mientras
alguien carezca de los estricto”
Pancho Tranza le propuso
pedir limosna en los Portales, a lo que el Kilote se opuso tajantemente, también
a la idea de cantar o bailar, pues le recordó a su amigo que él, no podía
rebajarse a tal nivel, sino seguir el ejemplo de personajes serios y valientes
como Kalimán o don Salvador Díaz Mirón.
Kilote, también pensó en
dedicarle su primer correría a una doncella, acordándose de Genoveva “la Peluda”, una
hermosa y conocida dama del puerto, ella sería el motivo de sus afanosas
aventuras.
Aún sin saber a bien,
exactamente qué hacer para ganarse unos pesos, Pancho vio en una mesa del
Portal a un solitario parroquiano, de aspecto bucólico.
–Con
botas y sombrero, cualquier pendejo es ganadero- pensó Pancho.
Al observarlo detenidamente,
se percató que el ranchero, lucia ostentosas prendas, cadenas de oro y una
pulsera tipo “molleja” de igual tipo, junto con un reloj fino.
En esas elucubraciones
estaba, cuando paso junto a ellos (Kilote y Pancho) un hombre ofreciendo “toques eléctricos”,
un pasatiempo muy común en los Portales
Jarochos. En una caja se colocan baterías eléctricas y mediante un ingenioso
sistema de resistencia de la corriente, la misma fluye por cables hacia unos
tubos de metal. El juego consiste en que el valiente o incauto resista lo más
posible la intensidad del voltaje, que va de 6 a 10 miliamperios, - Lo suficiente para no
matar pero si apendejar- pensó Pancho.
Pacho analizó las
posibilidades, que eran nimias, pero que podían ser viables, si el Kilote se
prestaba a entrarle a una apuesta de resistencia con aquel ranchero presuntuoso.
Continuara…
DICCIONARIO
DE LA MUY DEMOCRATICA Y REPUBLICANA LENGUA JAROCHA
Argüende.- Chisme, enredo.
Aviesa.- Maldad, inclinado
al mal.
Bucólico.- Referente al
campo.
Chipote.- Chichón.
Correría.- Aventura.
Cuita.- Trabajo, problema.
Jelengue.- Contratiempo.
Jauja.- Lugar de bonanza.
Ralea.- Clase, género o
especie.
Trácala.- Deshonesto.
CAPITULO
III
Que
trata de lo que le aconteció al Kilote al retar al ranchero presuntuoso en los
Portales de Lerdo.
Raudo, <<Pancho
Tranza>> maquinó la treta para hacerse de unos pesos a costa del
presuntuoso ranchero. Convenció al <<Kilote>> con pocos argumentos
y mucha imaginación acerca de la futilidad de riesgos de aquel duelo, pues le aseguro
que las descargas eléctricas le harían lo que <<el viento a
Juárez>>.
El <<Kilote>>
vaciló un poco, pero Pancho le juró y aseguró que saldría vencedor, pues la corriente
eléctrica correría mejor por el cuerpo del ranchero por estar cargado de oro y corindones, a diferencia del <<Kilote>>,
que aparte de no traer puesto más que huesos y pellejo, traía calzados unos
zapatos con suela de goma lo que ayudaría a aminorar el paso de la corriente.
En apariencia, el plan
explicado a <<Kilote>> por
<<Pancho>> era sencillo. El <<Kilote>> se sentaría
cerca del ranchero y <<Pancho>> se haría pasar por el señor de los toques eléctricos,
haciendo aparecer al <<Kilote>> como un hombre valiente que
soportaba grandes descargas y que nadie más podría hacer lo mismo. Si el
ganadero caía le aportarían la comida y
la bebida de aquella noche.
Previamente <<Pancho>>
había pactado con el dueño de la caja de toques eléctricos que le prestara la
caja porque tendrían un <<buen jale>>.
Así las cosas
<<Kilote>> se sentó cerca del Ranchero en la zona de los Portales
de Lerdo, pidió una cerveza y una torta de jamón Serrano y a los pocos minutos
apareció <<Pancho>> voceando
su servicio de <<toques eléctricos>>.
Fingiendo que no se
conocían, <<Pancho Tranza>> le ofreció las descargas al <<Kilote>>
y este aceptó, vociferando que el
juego era para hombres, muy hombres.
La jactancia de aquel personaje,
llamó la atención del ranchero, prestando atención al supuesto juego de las
descargas eléctricas.
<<Pancho>> había
acordado con el <<Kilote>> que sólo le daría una descarga de 6
miliamperios y que tendría que fingir que la carga era mayor para hacer caer al
Ranchero.
Dignos aspirantes a un
<<Oscar>>, nuestros personajes representaban su acto,
<<Pancho>> aparentaba que el daba alto voltaje al <<Kilote>>,
y este se retorcía fingiendo que la
carga eléctrica que le recorría era lo suficientemente alta como para desmayar a
un Anarquista.
-
¡Es un hombre, hombre!- exclamaba
<<Pancho>>- ¡Nadie podría
soportar los 10 miliamperio!.
El ingenuo Ranchero admirado
del presunto acto de valentía de aquel caballero, cayó en la trampa y llamó a <<Pancho
Tranza>> a su mesa.
-
¡A ver amigo! ¿Como esta ese asunto de los
toques?- inquirió el curioso Ranchero.
-
Bueno señor, es que esto es para puros hombres-Le
dijo Pancho como no prestándole atención a la pregunta curiosa del ranchero.
-
¿Que dices animal?- exclamo molesto el ranchero
parándose de su asiento- ¿Qué no ves que
yo soy un hombre?, ¿Acaso no te dice nada mi sombrero y mis botas de ganadero?
-
Bueno, bueno- respondió Pancho- usted disculpara
caballero, pero le recuerdo que el <<hábito no hace al monje>>.
-
¿Que dices malandrín?
-
Disculpe usted amigo, pero el caballero de esta mesa ha soportado el
tope que es de 10x10.
-
¿Y eso que quiere decir?- preguntó el
ranchero.
-
¡Que son diez descargas de diez
miliamperios!- le dijo <<Pancho>> seguro de que le había picado el
amor propio al ranchero.
-
¡Ah Dio!, bueno, ¡pues yo supero eso!-
Respondió el Ranchero sin razonar lo que decía.
-
¿Señor?
-
¡Que reto al caballero! ¡yo aguanto once!
-
¿Y que apuesta el caballero?- preguntó el
<<Kilote>> desde su mesa.
-
¡Le pago la borrachera!
-
Borrachera y comida, caballero- aclaro el
<<Kilote>>
-
¡Sí!, todo lo que aguante el caballero a
comer y beber- dijo el ranchero.
-
Bien, apuesta aceptada- contestó el
<<Kilote>>.
Pancho convenció al ranchero
de que iniciara él primero, pues el <<Kilote>> ya había recibido
los toques previos, así que sin mayores complicaciones el ranchero cogió los
dos tubos de metal, los apretó y espero a que Pancho diera inicio.
-
Bien, aquí vamos, 1, 2, 3, 4- decía
<<Pancho mientras subía la intensidad de los toques eléctricos.
Conforme <<Pancho>>
aumentaba la intensidad, el ranchero se retorcía por la circulación de
electricidad por su cuerpo.
-
7, 8, 9, 10, ¡bien, bien!- exclamo con
aparente asombro <<Pancho>>, ¡paso usted la primera!.
-
¡Bien, pues vamos por la segunda!- dijo el
ranchero muy seguro.
-
¡Va la segunda carga!- dijo
<<Pancho>>- a ver, 1, 2, 3, 4…
Cuando iban por el quinto
intento y ya con las tortas, y los tragos servidos, <<Pancho>> le
hizo señas al <<Kilote>> para que tomara de la mesa la comida.
-
¡Va la sexta!- grito <<Pancho>> a
ver 1 y…
De manera repentina, <<Pancho>>
subió el pase de corriente del 1 al 10, haciendo que el ranchero se quedara
pegado a los tubos, retorciéndose como tlaconete
en sal o Chinicuil en comal – cualquiera de las dos imágenes puede ayudar
al lector- situación que aprovecho <<Pancho>>
para arrancarle de un golpe las cadenas de oro y demás prendas y emprender la
huida, dejando al ranchero conectado a la caja de los toques.
-
¡Córrale Kilote!, ¡Córrale que nos apañan!-
gritaba <<Pancho>> mientras presuroso se perdía de vista por los
callejones del centro histórico.
-
¡Pancho!
¿y los amigos del Hotel, su comida?-le grito el sorprendido
<<Kilote>>
-
¡Córrale Kilote, no sea pendejo lo van a
apañar!
Sin salir de su asombro y
ante la posibilidad de que el ranchero lo desollara vivo al terminar su terapia
de choques eléctricos, el <<Kilote>> también emprendió la graciosa
huida con rumbo contrario a <<Pancho Tranza>> llevándose consigo las
tortas de jamón serrano que ya había pedido.
Continuara..
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