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lunes, 9 de noviembre de 2009

HISTORIAS DE LA GENTE ITINERANTE

Por Daniela Soberanis


Las grandes lecciones estan en cualquier lugar, solo se necesita abrir los ojos.

Como casi todos los días, en un punto de la avenida más turbia de este puerto, el consumismo y el capitalismo estaban es su máxima expresión (era quincena), el calor del verano no se comparaba con el infierno que se vivía dentro de aquellos santuarios de perdición monetaria llamados tiendas, algunas establecidas, otras ambulantes.

En una pequeña esquina de dicha avenida se ha establecido una tienda de alma itinerante, está conformada por lo que algunos llaman "hippies", "escorias de la sociedad", "gente que no hace nada", personas, al final de cuentas bajo estos adjetivos.

Su comercio esta compuesto por un trapo deslavado y nada más que los collares, pulseras y aretes que ellos mismos fabrican con diferentes texturas, muchas de estas obras únicas son artesanías con una estética impecable, otras parecen salidas de los sueños más raros; uno de estos comerciantes se encontraba en plena creación de un collar, cuando ocurrió un suceso que me hizo reflexionar.

Pasaban por ese lugar una apurada madre de familia con su hijo bien sujeto al brazo, sus pasos presurosos matizados con la cadencia de sus tacones se perdían con los de las demás personas, más en cambio, los pequeños pies de aquel niño se detuvieron cuando vio lo que para él pudo ser un nuevo tesoro o un artefacto que le ayudaría a ir a un lugar lejano, a la luna tal vez, lejos, muy lejos; se separó súbitamente del cobijo de su madre y tomó aquel juguete que estaba en el piso, cerca de las artesanías hippies, el niño volvió a mimetizarse con las rápidas pisadas de los demás, sin embargo cuando vio el éxito de aquella operación, un alarmado padre apareció ante los ojos del niño y los de la señora.

- Devuélvamelo por favor- dijo aquel padre de familia mientras tendía la mano.
- Tira eso a la basura- le ordenó la señora a su pequeño retoño.

El artista fue más hábil y logró quitárselo al niño.

- ¿Qué educación le esta dando su hijo?- gritó el hippie con juguete en mano mientras madre e hijo desaparecían en el mar de gente.

El padre de familia se volvió a sentar en el suelo donde estaban sus collares, aretes y pulseras, se dirigió ante sus demás compañeros.
 
- Es de mi niño, no le he podido comprar otro-

La gente siguió caminando, para los demás era un hippie, un vago, un-bueno-para-nada.

Para mí, que solo observé la escena, era un padre preocupado.


MUSEO DE LA CIUDAD, PASADO, PRESENTE Y FUTURO

Por Daniela Soberanis.

Ubicado en la avenida Zaragoza esquina con Estaban Morales en el centro histórico del puerto de Veracruz, el Museo “Coronel Manuel Gutiérrez Zamora” no solo alberga fragmentos de nuestra historia, sino que también es parte de ella.

Este silencioso testigo de las memorias de Veracruz se vislumbró durante la sesión ordinaria del 27 de febrero de 1852, en la que se aprobó la creación de un orfanato cuyo fin principal era brindar protección a personas desprotegidas como niños o adultos mayores; con el consentimiento de autoridades como el entonces Gobierno del Estado, el auspicio de Don Ildefonso Ricardo Cardeña, Don Manuel Gutiérrez Zamora, la “Junta de Caridad” y los fondos fiscales del Ayuntamiento que provenían de la Aduana Marítima se dio inicio a la construcción de dicha edificación.

En ese mismo año, el 12 de diciembre fue colocada la primera piedra del edificio, debajo de ella se encuentra una “caja de tiempo” dentro de la cual se pueden encontrar algunos objetos alusivos a la época, como documentos y un centenario.

Antes de que su edificación fuera terminada, algunas tropas extranjeras como la infantería de la Real Marina Inglesa y la Legión Española, lo utilizaron como cuartel; algunos meses después fue empleado a manera de hospital de la Marina francesa hasta la retirada de dicho ejército en 1867. Posteriormente sería ocupado por soldados provenientes de la guarnición de la propia ciudad, tiempo después pasó a ser un hospital provisional de mujeres.

Siendo hasta 1870 la inauguración oficial del Hospicio de la Ciudad; ese 12 de diciembre estuvo presente el entonces Gobernador del Estado, el Lic. Francisco Hernández, quien apadrinó y dio el mote de “Hospicio Manuel Gutiérrez Zamora” en memoria de tal distinguida personalidad fallecida, puesto que bajo su tutela y perseverancia se logró realizar el proyecto en su edificación.

Sin embargo fue hasta 1960 cuando dejó de funcionar con este fin debido a que se construyeron instalaciones modernas, lo que hoy se conoce como la Casa Hogar del Niño "Manuel Gutiérrez Zamora", ubicada en el sur de la ciudad.

Para 1969, se decidió remodelar esta obra arquitectónica de diseño neoclásico puesto que se necesitaba abrir un espacio en donde se mostrara la historia y gloria de Veracruz, y fue el 25 de noviembre de 1970 la apertura de lo que actualmente se conoce como el Museo de la Ciudad “Coronel Manuel Gutiérrez Zamora”.

El Museo de la Ciudad es sinónimo de conocimiento, lucha y valor que al paso de los años se ha renovado de la misma forma en que las cuatro veces Heroica Ciudad de Veracruz ha evolucionado.

Agradecimientos a Ricardo Cañas. Coordinador de Guías del Museo de la ciudad por la información proporcionada.