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martes, 19 de abril de 2011

INMIGRANTES, ASOCIACIONES CULTURALES MEXICANAS



Por: Sonia López Azueta/FUNDACROVER  ITALIA


Reflexionar sobre la influencia del sol, la luna, aire, mar y clima en nuestras células, sentir que respiramos al ritmo de nuestros padres y hermanos. Recorrer cada vez un calendario de fiestas mientras que tratamos de recordar dónde las festejamos por última vez “como Dios manda”. A medio día, desear el encontrar como almuerzo, un generoso plato de pozole o al menos unas enchiladas de mole sobre la mesa. Uno recorre pueblos y ciudades vecinos en busca de productos “exóticos, para intentar reecontrarse mínimamente con algunos sabores.
Son tan solo algunas experiencias que puede traernos la migración, un fenómeno tan viejo como la humanidad que constituye la base de nuestro éxito evolutivo como seres humanos.

En algunas áreas de Europa la inmigración despierta desconfianza, temor a la pérdida de identidad o cohesión social. Existe dificultad para incorporar a los inmigrantes y minorías étnicas a las sociedades receptoras, y hay obstáculos que se oponen a la integración tales como la segregación, discriminación, exclusión social y xenofobia. Se vive la inmigración como un problema, la capacidad de acogida y la oferta laboral son limitadas, se restringen y controlan las entradas y permanencias de flujos. Sin embargo los movimientos migratorios no se detienen, dando lugar a la migración clandestina y al tráfico de personas, se extiende la proporción de inmigrantes en situación irregular. Los gobiernos priorizan las políticas de control y lucha contra la inmigración ilegal.

Cada caso de migración es particular; no es lo mismo emigrar en condiciones difíciles que en condiciones extremas. Y sin embargo, es siempre un corte umbilical que conlleva un proceso de duelo en el individuo. Descrito el duelo como la ruptura de una relación en la que existe una pérdida, abandonar la ciudad pero sobretodo el país de orígen, puede ocasionar sentimientos confusos de ganancia y al mismo tiempo privación de diversos elementos intrínsecos a la naturaleza humana y al desarrollo personal.

Si no se está consciente de este proceso, existen probabilidades de ser afectado por el Síndrome de Ulises: “Ulises pasaba los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril.” (Odisea, canto V, 150).  Hoy, para millones de personas, emigrar significa pasar por niveles de estrés sumamente intensos que muchas veces llegan a superar las capacidades de sobrellevarlos. Cuando resulta difícil manejar los duelos en relación a la a familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y los riesgos físicos, ello puede traducirse en padecimientos tales como migrañas, irritabilidad, fatiga y falta de sueño además otros de tipo psicológico como tristeza, miedo y sentimientos de fracaso, culpa y soledad acompañados de llanto, mismos que afectan la identidad y cuya desaparición depende de la habilidad del individuo por acelerar su adaptación al nuevo medio.

Para emigrar hay que estar preparado. Incluir en la valija importantes reservas de paciencia, motivación y hasta resignación bien aceptada, pero sobre todo una gran fe y esperanza. Informarse acerca del lugar de destino, si el idioma es distinto a nuestra lengua madre, estudiarlo, siempre que sea posible, antes de partir o bien inmediatamente al llegar al nuevo país, para dominar por lo menos las expresiones básicas y más indispensables en la vida cotidiana; aproximarse a la cultura y costumbres extranjeras previamente, aminorará el impacto que puedan generar. Hacer uso intelligente de instrumentos tecnológicos como las redes sociales para añadirse a grupos de connacionales puede resultar productivo. De este modo se puede arribar con la sensación o incluso la certeza, si es que se han fortalecido lo suficiente algunos lazos, de contar con algunos amigos o conocidos a quien recurrir. De hecho, los inmigrantes se organizan espontáneamente en grupos asociativos para intercambiarse informaciones, conservar ritualidades comunes y encontrarse periódicamente. Esta primera fase va seguida de una segunda: las asociaciones formalizan su organización, se presentan como intermediarios, y asumen un papel tanto social como económico.

En Italia, el importante papel mediador entre el inmigrante mexicano y la sociedad italiana lo desempeñan asociaciones tales como la “Comunidad Católica de Mexicanos” (CCMR) en la capital Roma; al norte, la “Asociación Messico Qui” y al sur, la “Asociación Cultural Mexicana Quetzalli”.
La CCMR el año pasado celebró su décimo aniversario; se encuentra reconocida por instituciones tales como la Embajada de México en Italia, Embajada de México ante la Santa Sede, Secretaría de Relaciones Exteriores y el Instituto de Mexicanos en el Extranjero. A través de su página en internet brinda información valiosa, de interés tanto para el inmigrante como para el vacacionista. Los miembros se reunen períodicamente y llevan a cabo actividades culturales y de esparcimiento, entre las cuales no puede faltar la celebración de cada fiesta nacional.
La Asocicación Messico Qui (México Aquí), mediante su denominación, dilucida la existencia de una comunidad de mexicanos que vive y se desenvuelve en la región del Veneto. Su objetivo es desarrolar iniciativas de tipo cultural para difundir la actividad prfesional y creativa de mexicanos radicados en Italia o en México y con ello reflejar nuestra cultura, mostrándola a quienes no saben de ella y ofreciendo una perspectiva diversa a quienes la conocen solo a través de comunes estereotipos. Un destacado ejemplo de las varias actividades coordinadas y coprotagonizadas por su Presidenta, la fotógrafa y profesional de la comunicación, Blanca Estela Rodríguez, es el evento “México y Revolución: tras las huellas de la historia”, integrado por una conferencia reflexiva, un encuentro musical “El eco de 100 Años” y la proyección de una serie de filmes alusivos al período revolucionario mexicano.
Por su parte la “Asociación Quetzalli” con la motivación profunda de compartir la cultura y los valores del pueblo mexicano desde la isla de Cerdeña, dirigida por Virginia Cruz, se organiza en grupos de trabajo para promover actividades arísticas, culinarias y creativas, formas de comercio solidario, iniciativas relacionadas con la educación multicultural y el desarrollo sostenibile, creando espacios de convivencia e intercambio.
Participar como inmigrante en las actividades de estas asociaciones y muchas otras más, es para muchos, aspirar una bocanada de aire mexicano en medio de una nube de gas raro, es atravesar un umbral donde el otro lado, es también nuestro lado.

Sonia López Azueta.
Italia, febrero de 2011.

LEON FELIPE, PIEDRA PEQUEÑA, COMO TÚ.

Por: Miguel Salvador/  FUNDACROVER A.C.

Un artículo periodístico no basta para hablar de León Felipe, mucho menos aspirar a explicarlo. Sin embargo intentaré hacerlo trascribiendo uno sólo de sus poemas, difícil hazaña el introducirse en el corazón de un  poeta sino se esta preparado.
No puedo dejar de lado, algunos datos básicos: Felipe Camino Galicia de la Rosa, nació en Tabára, Zamora el 11 de abril de 1884, murió en la ciudad de México el 18 de septiembre de 1968. Poeta español miembro de la famosa generación del 27.
De vida licenciosa, encontró apoyo en Alfonso Reyes quien le dio una carta de presentación que le abrió las puertas de diversos amigos en México, se dice que fue bibliotecario en la ciudad de Veracruz, posiblemente de la antigua biblioteca del pueblo, corría el año de 1922.
Pero, ¿Qué tiene León Felipe, el poeta aventurero de especial?, bien, tal vez mucho, tal vez poco, en lo particular, quiero decirles que el  poema que trascribo a continuación  siento me ahorra el trabajo de elaborar un ensayo o una biografía tediosa, llena de suposiciones o de falsos acercamientos a las esencias del artista. Este se llama  “Como tú”,   adaptada y  cantada por Paco Ibañez, Amparo Ochoa y Leticia Servín, la cual pueden escuchar en youtube.

COMO TÚ...
Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

León Felipe


EL BUNKER

El Bunker.

Por: Sonía López Azueta/ FUNDACROVER ITALIA

Volver era imperioso para mi. Había transcurrido los últimos cinco de mis treinta y siete años pensando en regresar y saber si aún era como yo lo recordaba. El sol era pleno esa mañana de sábado cuando decidí por fin cerrar la oficina en la que me dedicaba a diseñar programas informáticos para supermercados. Quería partir con rumbo a mi infancia, esperaba con ello lograr desaparecer el enjambre de profundos sueños recurrentes que se aglomeraban cada noche en mi mente. Bajo el asombro de Milena reuní algunos objetos y le pedí que se prepararan para salir ella y mi adorado Massimo. ¿Y los trabajos pendientes? Me interrogó mi esposa incrédula. No hay nada urgente y ya no puedo seguir esperando el contar con un fin de semana libre de compromisos, le respondí. Mientras conducía, Milena y yo hablábamos, pero mis pensamientos se concentraban en ese lugar. Mirando a través del espejo retovisor a mi hijo, me veía a mí mismo a su edad, en la minúscula Pinié y esos parajes montañosos de la provincia de Belluno. Fueron años felices, a pesar de que, invariablemente cada verano,  mi madre me enviaba a un albergue de monjas. Mis padres se divorciaron cuando yo contaba tres años; vivía con mi madre, cuyo trabajo como cajera en un restaurante no le permitía permanecer conmigo durante las vacaciones escolares. Cada año partía contento al albergue y permanecía por un mes entero; algunos fines de semana mi madre llegaba desde Chioggia para encontrarnos y almorzar juntos.  ¡Cuántas aventuras y enseñanzas me dieron esos momentos en los cuales compartí lecho y mesa con casi treinta pequeños sin familia! Mi mejor amigo ahí era Marco, habíamos nacido el mismo día pero en circunstancias completamente distintas. El era huérfano de madre, era un niño menudo de agudo ingenio, en su rostro los expresivos ojos relucían como aguamarinas. Durante los campamentos que organizaban las religiosas en el bosque, prefería siempre compartir la tienda de campaña conmigo, nos ofrecíamos mutua proteccion ante los moustros nocturnos. Fue junto a Marco que descubrí la guarida. Nos imaginábamos entrar junto con los demás en fila india. La verdad es que nunca tuvimos el suficiente valor para traspasar las vetustas rejas, canceladas solo con cinta plástica. Esa ocasión corríamos mientras jugábamos; Bepi, uno de los mayores, nos advirtió, regresen, no se alejen demasiado. Sor Iole ha dicho que puede ser peligroso adentrarse, el bosque guarda sorpresas. Marco corría tras de mi y yo no quería dejarme atrapar, pero al encontrarme de frente a aquel raro montículo con barrotes, me detuve en seco haciendo crujir las ramas bajo mis pies. La boca de la puerta parecía tragarme, una corriente de escalofríos subió desde los pies y me hizo temblar las piernas. Extrañado mi amigo me preguntó, ¿qué sucede, por qué te has detenido? ¿De verdad te has dejado intimidar por lo que dijo Bepi? ¿O acaso has visto un gnomo? No, fue mi respuesta. ¿Por qué estas asustado entonces? Me estas asustando también a mi, es mejor que regresemos, me rogó Marco tirándo de mi camisa, está cayendo la noche y debemos reunir ramas para la fogata. Ve tú, le ordené. Debo permanecer unos minutos más aquí. Como quieras Stefano, yo comienzo a tener frío, se alejó frotándose los brazos. Si Sor Iole te pregunta por mi, dile que he debido ir a las letrinas, le pedí. Me quedé solo bajo las primeras sombras que se extendían sobre el montículo, como huesudos brazos queriendo alcanzarme. El aire hacía volar las hojas producendo el único ruido además del que hacían mi respiración y los latidos de mi corazón más agitado que el de un caballo desbocado. Una hoja golpeó mi cara, el viento se intensificó y pensé que Sor Iole me estaría esperando salir de la cabina de baño; no deseaba que su redondo rostro sonrosado se surcara con ese ceño de sentencia que lo transfiguraba cada vez que desobedecíamos. Caminando hacia atrás sin dejar de mirar la colina, me fui. Esa noche, Marco y yo la pasamos en vela conversando a baja voz, planeando entrar al día siguiente, cosa que jamás sucedió; Bepi y los más grandes nos dijeron luego que ahí había muerto un niño, que se había escondido mientras jugaba y nunca más volvió a salir, que su esqueleto fue encontrado cubierto de vegetación y telarañas. Mi atracción por el interior de esa cueva o lo que fuera, era tan grande como mi repulsión pero yo no las comprendía. Las montañas fueron definiendo el paisaje y reduje la velocidad del auto cuando comenzamos a ascender. Era un camino largo desde nuestra casa en Castelfranco. Massimo estaba dormido al llegar a Pinié; cuando el auto se detuvo, despertó con un gran sobresalto. ¿Quieres ver el lugar a donde tu papá solía venir cuando era niño? Milenia lo invitó a bajar con estas palabras. La casa albergue aún estaba ahí. No parecía en malas condiciones, aunque yo recordaba el patio mucho más grande de lo que en realidad era. El restaurante de enfrente ya no lo era más, lucía como un depósito de desperdicios; era un reino de gatos que saltaban entre cajas de cartón, sillas rotas y piezas de motor; uno de ellos se aproximó a Massimo buscando una caricia. Desde el interior de una ventana la voz madura del dueño captó nuestra atención, esa gata es la más cariñosa, va con todos. Un anciano hombre de aspecto muy descuidado pero amable, salió e iniciamos a hablar. Yo soy uno de esos niños del albergue, en mucho tiempo no había vuelto, le dije. Aquí las cosas han cambiado muchacho, me contó. Los dos albergues de esta zona se han transferido, o tal vez han  cerrado sus puertas. Mi hermana la dueña del restaurante, murió hace algunos años, me dejó esta construcción en donde vivo solo con mis gatos; no se ven muchos niños por aquí ahora. Yo he venido con mi familia para mostrarles el lugar, le expliqué, ahora vamos a dar un paseo por el bosque. El hombre me miró fijamente como buscando un por qué. El bosque… tampoco es el mismo; ¿no es mejor llevar a su familia de visita al Monte Tudaio y sus antiguas fortalezas militares? sugirió. Sí, es fascinante y seguramente lo haremos también, hasta luego señor, me despedí. Vaya muchacho, tenga cuidado. El viejo tomó a su gata, su expresión se había endurecido. Sorteando troncos caídos y piedras, mostré a mi familia el sitio donde acampábamos. Estaba casi como antaño, a excepción de un área deforestada; había señales de una fogata reciente. Milena y Massimo bromeaban, usaban varas como espadas y corrían persiguiéndose entre sí. Al llegar, el lugar causó en mi el mismo efecto que cuando era pequeño. Nos detuvimos los tres como intimidados por un gigante, a observar el estado en que se encontraba el bunker. Por un momento cesaron risas y juegos, el silencio nos envolvió y ya comenzaba a pesarme cuando por fin preguntó el niño, ¿qué es?. Es un bunker de la Primera Guerra Mundial, le contesté. Massimo inspeccionó, viéndo satisfecha su curiosidad momentos más tarde lanzó una afrenta a su madre. ¿Crees que puedes alcanzarme? Se alejaron corriendo, rodeando el montículo. Les pedí que no se apartaran demasiado y sin despegar la vista del cancel lo empujé suavemente y miré hacia adentro. Ahí, como un aerosol agotado, la luz se esparcía escasa sobre un montón de hojas secas y basura. Me introduje despacio con el brazo derecho y la palma extendidos a modo de defensa, por si algo se interpusiera en mi camino. Había numerosas habitaciones poco más grandes que una ratonera a cada lado del pasillo; al fondo la obscuridad no me permitía saber si había una pared o una sala más grande. Fui a averiguarlo. Mi pie traspasó las tinieblas y fue justo ahí que crucé más de un umbral. ¡Favero! Un aire gélido me alzó los vellos de la piel cuando a mis espaldas alguien mencionó mi apellido con voz áspera y horrorizada. Giré desconcertado la cabeza sobre mi hombro y escuché una detonación. Aterrado llamé a gritos a mi mujer e hijo, pero no salí corriendo, mis pies parecían adheridos al suelo. Después del primer estallido otros más, me puse en cuclillas y vi apenas que entraban muchos hombres armados. Ya no gritaba, tuve la sensación de que mi familia se encontraban muy lejos de ahí. A mis pies unas latas vacías de sardinas, cantimploras y una navaja. Pensé empuñar ésta para defenderme si alguien intentaba hacerme daño, pero luego me percaté del arma de fuego que aferraba firmemente. Los soldados entraban y salían como hormigas despavoridas; cuando decidí salir, el gran estallido. Fui impulsado contra el muro con una gran fuerza que me hizo caer sobre la espalda. Un dolor intenso penetró en mis oídos, llevándome las manos a la cabeza, éstas se bañaron de la sangre que me escurrió hasta los codos; el olor a pólvora abrasaba mis pulmones. Dos faros celestes atravesaron la nube negra de polvo y humo, podía reconocer la mirada de Marco en ese y cualquier otro infierno. Vi claramente como pronunciaba mi nombre pero no lo escuché, no escuché más nada. Cerrando los ojos me llené de imagenes: el péndulo del andar de Milenia al subir las escalinatas donde nos conocimos. Todo el caudal de mis ansiedades inundó la marisma de su soledad en esa tarde serena; el camafeo sobre su blusa repetía los reflejos dorados de sus rizos. Y mi hijo. Esos terribles instantes se hubiesen esfumado con tan solo posar mis labios sobre el melocotón de sus mejillas y aspirar su tierno aroma con notas de vainilla. Apoyado al brazo de Marco me hundí en las espesas arenas movedizas de la inconsciencia para despertar quince meses más tarde en octubre de 1919, sobre la cama de mi actual habitación en Treviso. El crucifijo de hierro pendía sobre mi cabecera, recordé sus formas puntiagudas porque yo mismo lo coloqué ahí. Una figura rolliza se aproximó y me tomó de la mano, Sor Iole me sonrió y se apresuró a advertir a mi esposa. Con la presteza de un paquidermo, al segundo día después logré ponerme de pie, mi cuerpo estaba casi intacto excepto por la audición que nunca recuperé en su totalidad. A Marco pude verle y hablarle antes que muriera debido a las secuelas de los disparos recibidos mentras me salvaba. He luchado durante años por encontrar una explicación a lo que me ha ocurrido, si de algo estoy seguro es de no haber perdido la razón después de batallar y ser herido en guerra. Nunca he sido una persona demasiado espiritual en la vida. En ninguna de las dos. Tan solo creo, como lo creía mi madre, que al mundo vinimos a dar lo mejor de nosotros mismos. Las últimas palabras que me dirigió Marco fueron: “hermano, estoy seguro que volveremos a encontrarnos”.

martes, 25 de enero de 2011

México en Roma

          El “Palazzo delle Esposizioni” es el más grande espacio expositivo interdisciplinario ubicado en el centro de la capital italiana, Roma. Más de 10 mil metros cuadrados articulados en tres pisos alojan eventos culturales y ofrecen servicios a los visitantes, cuenta con sala de cine con 139 asientos, sala multimedial para 90 personas, sala polifuncional para 90 personas, cafetería, restaurante con capacidad para 240 personas y una libería.
 
         Después de cinco años de trabajos de restauración y recalificación funcional de sus espacios, el Palacio se encuentra en sintonía con los acontecimientos culturales de las mayores capitales europeas. Es un modernísimo centro cultural entre los más actualizados y en contínuo intercambio con las más importantes instituciones culturales internacionales. De las muestras de arte a las reseñas cinematográficas, del teatro a la fotografía, de la música a la presentación de libros y eventos.

         Hasta el 27 de febrero del 2011 será posible apreciar por primera vez en este enorme complejo cultural, un proyecto enteramente dedicado a la civilización precolombina de Teotihuacán, La Ciudad de los Dioses y presenta a todo el público la historia, el arte y la cultura de uno de los imperios más prestigiosos y misteriosos de América que dominó la entera área mesoamericana.

lunes, 23 de noviembre de 2009

VERACRUZ A RITMO DE DANZÓN




Por Ricardo Rubin

Todo el que llega al puerto de Veracruz quiere ver bailar danzón, porque se dice que ese ritmo musical, suave y cadencioso, es el latido del corazón jarocho.
        El danzón se baila en su mejor expresión en el Zócalo, miércoles y domingos, desde hace muchos años; y en el Parque Zamora los martes y sábados.
       El danzón es de origen cubano, y nació cuando Miguel Failde dio a conocer su composición “Las alturas de Simpson” en el Liceo de Matanzas en 1879. Se presentó con el ritmo de danza criolla, pero ampliando notablemente las partes, por lo que desde entonces se llamó danzón.
       Los cubanos que llegaron después a este puerto trajeron ese ritmo y el gusto refinado por el buen ron y los puros olorosos, y pronto los jarochos incorporaron esos elementos de vida y de alegría a su forma de ser. Y la cadencia se hizo poesía cuando se estrenó “Nereidas” y tuvo variaciones tan atractivas como “Almendra” y más tarde “Teléfono a larga distancia”.
       El danzón, como el tango, fue primero un privilegio de las clases pobres, y se bailó como nunca en aquellos legendarios patios de vecindad y en las fiestas de estibadores y pescadores, hasta alcanzar carta de naturalización jarocha en su más alta expresión
       Se sostiene que el danzón puede bailarse sobre un ladrillo, y que aún debe sobrar espacio en el mismo, y ese decir se refiere a que dicho baile, por ser tan suave y cadencioso, permite a la pareja moverse muy poco pues el ritmo se lleva tanto con el cuerpo como con los pies pero de una manera lenta, sensual, casi hipnótica. Un abrazo une a la pareja, pero en forma elegante y gentil, un ritmo que es casi un ritual de amor y de encuentro.
      El buen danzón se baila en estribillos, y en cada descanso la bailadora se abanica y el caballero se limpia el sudor con su pañuelo y le platica al oído a su pareja. Este interludio o descanso es necesario porque el calor del clima jarocho también lo impone Hay en este puerto varias asociaciones que fomentan y preservan al buen danzón. Entre ellas “Danzoneros Hoy y Siempre” y “Grupo Tres Generaciones”.

“Danzón”, por cierto, fue una excelente película que no sólo revivió el gusto por dicho baile, sino que sirvió de gran impulso turístico a nuestro puerto. Como recordarán, la interpretó María Rojo y el jarocho Daniel Rergis en el papel de Carmelo Benítez.
       Legendarias, finas bailadoras de danzòn que no se olvidan son la “Negra” Natalia, tía del buen amigo Tiburón González, que también sabe mover bien la cadera, y a quien el legendario Paco Píldora le dedicó una de sus mejores poesías de tipo negroide, tan buena como las mejores de Nicolás Guillén; María Camiròn, la robusta Guillermina, La “Mulata” Rosario, La bella Carmen; y Benito Torres, Firpo Espinosa “Cara ‘e Cajón”, “El Gordo” Sigifredo Alcántara, Tony Salinas “el Mata ‘e Pita”, el mismo e inolvidable Paco Píldora. Todos ellos, bailadores legendarios del danzòn en la época en que dicho baile era un verdadero arte y una poesía.
      Y no se pueden olvidar tampoco las buenas orquestas que tocaron el danzòn en aquellos bailes populares de salón y de patios de vecindad, como las de Severino Pacheco, Albertico Gómez y los Chinos Ramírez. (En la foto, María Rojo y Daniel Rergis, en la película “Danzòn”).



lunes, 9 de noviembre de 2009

ANTONIO LOPEZ DE DE SANTA ANNA EL HOMBRE QUE BURLÓ A LA MUERTE PERO NO SU DESTINO


Por: Miguel Salvador

El pasado 11 de septiembre se conmemoraron 180 años de la Victoria de Tampico. En aquella ciudad hubo celebración y gracias a las gestiones constantes del historiador David Granados Ramírez y de la Asociación Rescate Histórico de México, el hecho histórico no paso desapercibido. Pero… ¿Qué se conmemoró?.

Ni más ni menos que la derrota de la vanguardia española de reconquista a cargo del ejército de operaciones al mando del General Antonio López de Santa Anna quien contuvo en las riveras del Pánuco a las huestes de Fernando VII al mando del Brigadier Isidro Barradas.

Algunos historiadores me dirán que los españoles realmente fueron derrotados por la impericia de su comandante ó por los elementos naturales; llámese huracán, moscos, enfermedades. Muchos detractores del general Santa Anna a través del tiempo han querido minimizar e incluso desaparecer de los anales de la historia aquella épica jornada, lo cierto es que de no ser por el inquieto general veracruzano, a estas alturas es probable que aún seguiríamos festejando los nacimientos de las infantas y manteniendo, además de nuestros distinguidos diputados, el costoso estilo de vida de los Borbones.

Además de objetivos, debemos ser muy realistas, recordando que en 1829 el país venía saliendo de una revolución que había provocado fuga de capitales - el saqueo del Parián- para darnos una idea de la situación financiera recurriré al análisis hecho por Lorenzo de Zavala - el Agustín Carstens de aquella época- el cual manifestaba que las aduanas marítimas estaban empeñadas en millón y medio de pesos y que en síntesis, las rentas publicas habían desaparecido y el crédito era inexistente por la suspensión de pagos a los acreedores.

Ante este panorama desolador, grupos Borbonistas en México alentaron la famosa expedición de reconquista, sin contar que el General Santa Anna recolectando dinero por aquí y por allá, logró salir de Veracruz con un grupo de valientes soldados y voluntarios para enfrentar la amenaza hispana.

Hoy en día se siguen publicando libros y novelas sobre la vida de Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez Lebrón, en muchos se le acusa de haber vendido más de la mitad del territorio. ¡Falso! Cuando los tratados de Guadalupe Hidalgo se firmaron ya no ejercía el poder y de hecho andaba a salto de mata tratando de evadir una patrulla de ranger´s que andaba tras su cabeza, mejor sería que los historiadores den a conocer los nombres y apellidos de los diputados que aprobaron los tratados. ¿Vendió la mesilla?, esa parte es cierta en el sentido de que, o vendía o los americanos nos la quitaban por la fuerza.

Que si dictador, que si un vende patria, etc, etc, sin embargo en mi opinión y después de estudiar con detenimiento su vida, creo que el señor podría haber sido todo menos un cobarde, tal vez si un desencantado del país o de los verdaderos dueños del poder que tantas veces lo llamaron al ejercerlo y otras tantas lo dejaron sólo con todo el paquete.

En mi opinión creo que Santa Anna fue una necesidad de su tiempo, y aunque a muchos no les agradará este artículo, les diré que mejor nos apliquemos en trabajar mejor el tema, ya que no es posible que otros investigadores –extranjeros- saquen mayores conjeturas y provechos para sus Universidades sobre vida y obra del general Santa Anna, como la famosa Victoria de Tampico o de su aportación a la naciente republica al haberse opuesto a Iturbide en diciembre de 1822. Les guste o no, el general Santa Anna fue el padre de la republica y la ciudad de Veracruz orgullosamente fue sede se ese grito libertario, tal como en su momento Guanajuato del grito de Dolores.

Al ahondar más sobre su vida, no que queda la mayor duda que Santa Anna buscó sin conseguirlo, la muerte en el campo de batalla; adicto a los juegos de azar, a la gloria y enemigo de ejercer el poder burocrático, decepcionado de todos y de él mismo, afrontó un cruel destino no digno de los hombres de su talla. Así como el gran Corso terminó sus días oteando el horizonte desde una Isla perdida, el vencedor de Tampico, el protector de la libertad mexicana vio llegar sus días empapado de excremento líquido y envuelto en su hedor a los 82 años de edad.

Insisto pues, que a nuestra memoria colectiva le hace falta ejercitar más el hemisferio histórico. A los que estén en contra de este artículo les diré lo que sí definitivamente no es posible. No es posible que exista una estatua de Vicente Fox, de Rafael Acosta “Juanito”, estadios deportivos o avenidas con el nombre de José López Portillo y no haya nada con el nombre de Antonio López de Santa Anna.

Me queda claro que existieron varios Santa Anna, el de antes y después de la Fiesta de San Jacinto durante la guerra de Texas pero también el Santa Anna insurgente, el Santa Anna Republicano y el Santa Anna héroe de Tampico son importantes de rescatar para comprender nuestra historia como nación independiente.

La muerte libera, la muerte absuelve, tal vez la muerte premie a los hombres que la encuentren a tiempo, como Hidalgo quien ya se autonombraba Alteza Serenísima, como Juárez quien iba por su siguiente reelección o como Mouriño que ya no respondió por el asunto de los contratos. En el caso del general Santa Anna la muerte lo despreció, lo evitó en sus momentos de gloria, si hubiera sucumbido en las revieras del Pánuco o con su pierna en Veracruz, durante la guerra de los pasteles, es claro que hoy en día en cada ciudad del país existiría una estatua del padre de la República, del vencedor de Tampico, del cesar veracruzano.

Subo la escalinata del Tepeyac, encuentro mi objetivo y sí, no voy a mentir, mi alma se estremece al comprobar que la memoria sigue ausente, dispersa, lejana y fría. Si algunos repiten la frase de: España nunca madre siempre madrastra, yo al poner el pie en aquel cementerio me pregunto si el México lindo y querido es autista o solo desmemoriado, o como decía la abuela: los mexicanos se hacen como tío lolo.

En una modesta tumba descuidada, invadida por la maleza, con seis antorchas invertidas que significan que Tánatos, el genio de la muerte, siega una vida, se encuentran los restos de aquel que en el campo de batalla burló a la muerte pero no su destino.

HISTORIAS DE LA GENTE ITINERANTE

Por Daniela Soberanis


Las grandes lecciones estan en cualquier lugar, solo se necesita abrir los ojos.

Como casi todos los días, en un punto de la avenida más turbia de este puerto, el consumismo y el capitalismo estaban es su máxima expresión (era quincena), el calor del verano no se comparaba con el infierno que se vivía dentro de aquellos santuarios de perdición monetaria llamados tiendas, algunas establecidas, otras ambulantes.

En una pequeña esquina de dicha avenida se ha establecido una tienda de alma itinerante, está conformada por lo que algunos llaman "hippies", "escorias de la sociedad", "gente que no hace nada", personas, al final de cuentas bajo estos adjetivos.

Su comercio esta compuesto por un trapo deslavado y nada más que los collares, pulseras y aretes que ellos mismos fabrican con diferentes texturas, muchas de estas obras únicas son artesanías con una estética impecable, otras parecen salidas de los sueños más raros; uno de estos comerciantes se encontraba en plena creación de un collar, cuando ocurrió un suceso que me hizo reflexionar.

Pasaban por ese lugar una apurada madre de familia con su hijo bien sujeto al brazo, sus pasos presurosos matizados con la cadencia de sus tacones se perdían con los de las demás personas, más en cambio, los pequeños pies de aquel niño se detuvieron cuando vio lo que para él pudo ser un nuevo tesoro o un artefacto que le ayudaría a ir a un lugar lejano, a la luna tal vez, lejos, muy lejos; se separó súbitamente del cobijo de su madre y tomó aquel juguete que estaba en el piso, cerca de las artesanías hippies, el niño volvió a mimetizarse con las rápidas pisadas de los demás, sin embargo cuando vio el éxito de aquella operación, un alarmado padre apareció ante los ojos del niño y los de la señora.

- Devuélvamelo por favor- dijo aquel padre de familia mientras tendía la mano.
- Tira eso a la basura- le ordenó la señora a su pequeño retoño.

El artista fue más hábil y logró quitárselo al niño.

- ¿Qué educación le esta dando su hijo?- gritó el hippie con juguete en mano mientras madre e hijo desaparecían en el mar de gente.

El padre de familia se volvió a sentar en el suelo donde estaban sus collares, aretes y pulseras, se dirigió ante sus demás compañeros.
 
- Es de mi niño, no le he podido comprar otro-

La gente siguió caminando, para los demás era un hippie, un vago, un-bueno-para-nada.

Para mí, que solo observé la escena, era un padre preocupado.


EL ARTE NO MUERDE "2da. Semana del Arte pal' Público Veracruz 2010"



por José Francisco Almazán Guillén/ Vector Mariachi

La “1er Semana del Arte pal' Público México 2009”, creada por Vector Mariachi y la Universidad de la Comunicación en el Distrito Federal, es uno de los festivales independientes que más éxito tuvo durante este 2009, unificando disciplinas de manera no convencional tales como el Performance, Exposiciones de arte, Conciertos y conferencias que reunieron a destacados artistas de reconocimiento Internacional. Tal fue el caso de la presentación del documental “La Changa” que narra la vida del Tepiteño Ramón Rojo Villa propietario del Sonido “La Changa”; la intervención de la Mtra. Mónica Mayer, reconocida Artista Visual colaboradora del Periódico El Universal y de diversas publicaciones en el Reino Unido, así como la presentación del artista Sonoro Arcángel Constantini, uno de los artistas conceptuales de vanguardia más reconocido internacionalmente, creador del “Atari-noise.com” basado en la consola de videojuegos Atari 2600, transformando un juego en un objeto de arte.

Este Festival será presentado en la Ciudad de Veracruz en el mes de Agosto de 2010 en colaboración de Vector Mariachi y Fundacrover, A.C., en diferentes recintos Culturales y Universidades de la Ciudad, para lo cual serán convocados artistas locales de diferentes disciplinas así como artistas de toda la República Mexicana en el Primer trimestre del 2010.

Más información en: www.artepalpublico.com y www.fundacrover.com

MUSEO DE LA CIUDAD, PASADO, PRESENTE Y FUTURO

Por Daniela Soberanis.

Ubicado en la avenida Zaragoza esquina con Estaban Morales en el centro histórico del puerto de Veracruz, el Museo “Coronel Manuel Gutiérrez Zamora” no solo alberga fragmentos de nuestra historia, sino que también es parte de ella.

Este silencioso testigo de las memorias de Veracruz se vislumbró durante la sesión ordinaria del 27 de febrero de 1852, en la que se aprobó la creación de un orfanato cuyo fin principal era brindar protección a personas desprotegidas como niños o adultos mayores; con el consentimiento de autoridades como el entonces Gobierno del Estado, el auspicio de Don Ildefonso Ricardo Cardeña, Don Manuel Gutiérrez Zamora, la “Junta de Caridad” y los fondos fiscales del Ayuntamiento que provenían de la Aduana Marítima se dio inicio a la construcción de dicha edificación.

En ese mismo año, el 12 de diciembre fue colocada la primera piedra del edificio, debajo de ella se encuentra una “caja de tiempo” dentro de la cual se pueden encontrar algunos objetos alusivos a la época, como documentos y un centenario.

Antes de que su edificación fuera terminada, algunas tropas extranjeras como la infantería de la Real Marina Inglesa y la Legión Española, lo utilizaron como cuartel; algunos meses después fue empleado a manera de hospital de la Marina francesa hasta la retirada de dicho ejército en 1867. Posteriormente sería ocupado por soldados provenientes de la guarnición de la propia ciudad, tiempo después pasó a ser un hospital provisional de mujeres.

Siendo hasta 1870 la inauguración oficial del Hospicio de la Ciudad; ese 12 de diciembre estuvo presente el entonces Gobernador del Estado, el Lic. Francisco Hernández, quien apadrinó y dio el mote de “Hospicio Manuel Gutiérrez Zamora” en memoria de tal distinguida personalidad fallecida, puesto que bajo su tutela y perseverancia se logró realizar el proyecto en su edificación.

Sin embargo fue hasta 1960 cuando dejó de funcionar con este fin debido a que se construyeron instalaciones modernas, lo que hoy se conoce como la Casa Hogar del Niño "Manuel Gutiérrez Zamora", ubicada en el sur de la ciudad.

Para 1969, se decidió remodelar esta obra arquitectónica de diseño neoclásico puesto que se necesitaba abrir un espacio en donde se mostrara la historia y gloria de Veracruz, y fue el 25 de noviembre de 1970 la apertura de lo que actualmente se conoce como el Museo de la Ciudad “Coronel Manuel Gutiérrez Zamora”.

El Museo de la Ciudad es sinónimo de conocimiento, lucha y valor que al paso de los años se ha renovado de la misma forma en que las cuatro veces Heroica Ciudad de Veracruz ha evolucionado.

Agradecimientos a Ricardo Cañas. Coordinador de Guías del Museo de la ciudad por la información proporcionada.

LA PRIMERA INTRODUCCION DEL AGUA POTABLE A VERACRUZ Y LOS “TUNELES” DE LA CONDESA DE MALIBRAN

Por Ricardo Cañas Montalvo


Desde el momento mismo de su fundación, en la Villa Rica de la Vera Cruz se hizo presente el grave problema del abasto de agua potable, en su cuarto y último asentamiento ocurrido alrededor del año 1600 la ciudad de tablas de la “Nueva Veracruz” se abastecía del agua proporcionada por el pequeño arrollo conocido como “Tenoya” el cual nacía de los lagunatos que se encontraban en las faldas de los médanos al sur de la ciudad, como la “Laguna de los Cocos”, la “Ciénega de la Hormiga”, etc. Este arroyo entraba a la antigua ciudad de tablas por la hoy calle de Arista, haciendo un giro hacia el norte en donde hoy se encuentra la Plazuela de la Lagunilla (nombre que se deriva debido al riachuelo en forma de una pequeña lagunita que impedía la construcción inmediata de casas) para posteriormente volver a virar al oriente por la hoy calle de Serdán para finalmente desembocar en el mar, este pequeño río fue desviado de su cause original durante los trabajos de fortificación de la ciudad de Veracruz durante el siglo XVIII con la finalidad de no representar un punto débil en la naciente muralla que rodeaba la población, en pocas palabras, fue sacado del interior de la ciudad, quedando entonces a extramuros, en este arroyo las personas lavaban sus ropas, los niños se bañaban, los caballos, mulas y vacas bebían su agua y a la vez que defecaban en la corriente del mismo, lo que hacia que se volviera por demás insalubre y sobre todo portadora de enfermedades, aunado a que en tiempos de estío casi se secaba quedando convertido en un tremendo lodazal.

Desde 1721 dos ingenieros franceses habían realizado proyectos para la introducción del agua del caudaloso río Jamapa, proyecto que no se llegó a concretar debido a su exagerado costo pues ascendía nada menos que a veinticinco millones de pesos de aquella época y sobre todo a la falta de materiales para poder llevar a cabo su titánica construcción.

En la ciudad amurallada de Veracruz muchas casas tenían grandes aljibes o cisternas en donde se almacenaba el agua proveniente de las lluvias, que en ocasiones y después de algún tiempo de almacenaje, el agua se volvía salitrosa debido a que estos aljibes estaban construidos principalmente de piedra múcara (coral) sacada del mar o se infestaban de larvas de moscos o de esos infectos conocidos como alfilerillo.

Por aquéllos años llega a Veracruz procedente de España el clérigo franciscano Pedro de Buceta, el cual tenía grandes conocimientos de ingeniería y arquitectura, se encontraba recolectando las limosnas para el convento de San Lucas de Barrameda, el Ayuntamiento le solicitó este trabajo y presentó un proyecto de menores dimensiones que consistía en un acueducto subterráneo que traería el agua de las lagunas cercanas a la ciudad, este proyecto fue bien aceptado y apoyado por el trigésimo sexto Virrey de la Nueva España Don Baltasar de Zúñiga Guzmán Sotomayor y Mendoza, Marqués de Valero en el último año de su gobierno, pues fallece el 15 de octubre de 1722 y fue continuada por su predecesor por el trigésimo séptimo Virrey Don Juan de Acuña, Marqués de Casa Fuerte quien la hace concluir.

Fray Pedro de Buceta realizó estudios del agua en las Lagunas de Lagartos y de la conocida, años mas tarde, como laguna de Malibrán, encontrando que en esta última tenía mejor calidad en la misma ya que sus nacimientos naturales se proveían de las filtraciones de los médanos aledaños como el famoso Médano del Perro; se contrataron las fabricas de ladrillo que había en las cercanías y fabricaron un bollo especial de 14 cms. de ancho, 28 cms. de largo y 5 cms. de grosor, los trabajos comenzaron en 1723, para lo cual se construyó una pequeña presa en la laguna de Malibrán con la entrada del acueducto, esta portaba un enrejado de madera para evitar la entrada de animales o ser enzolvado por maleza, el techo se le hizo de forma abovedada para soportar su propio peso, el bollo o ladrillo fue pegado con la mezcla llamada “mortero” la cual consistía sólo de arena y cal, esta última preparada de las conchitas y corales triturados y cocidos. El Fraile fue apoyado por un total de treinta y ocho negros, posiblemente esclavos, siente blancos y quince indígenas quienes realizaban las excavaciones y el levantamiento de la obra, la cual llevaba un declive perfecto que permitía correr el agua en su interior desde su origen hasta la ciudad, el acueducto media de altura poco menos de dos varas de alto por dos de ancho, es decir 1.60 mts (1 vara castellana = 83.6 cms) y tenia una extensión lineal de 4,504 varas, corría el acueducto por la orilla de los médanos y se le construyeron registros para captar las filtraciones de los mismos, el acueducto fue terminado increíblemente en tan sólo tres años, tomando en cuenta la escasos avances tecnológicos del momento y tuvo para el 3 de mayo de 1723 finalmente un costo total de $81,961 pesos y 1/2 real, siendo gobernador en esos tiempos Don Antonio de Peralta y Córdoba, se colocó una placa alusiva a este feliz termino que todavía existe y que se encuentra sobre un arco del antiguo Portal de Miranda del lado de la calle de Mario Molina, por haber sido construido por un franciscano a este acueducto se le conoció como “El Caño del Fraile”

Al llegar el acueducto a la ciudad dotaba del preciado líquido a inicialmente cinco fuentes públicas de dónde la población debía de abastecerse para todas sus necesidades, estas fuentes estaban ubicadas en la siguiente forma:

La famosa fuente de “San Antonio de Padua”, nombrado Santo Patrono de las Aguas de Veracruz ubicada en la Plazuela de San Agustín (hoy parque Obregón) en la 3ª calle de la Compañía de Jesús (Zaragoza) esquina 2ª Calle del Vicario (Mario Molina). Otra fuente se encontraba en la esquina de la 2ª Calle de la Merced y la 2ª Calle de la Condesa (Independencia esq. Esteban Morales). La siguiente se hallaba en la esquina de la 2ª Calle de la Caleta (Independencia) y la 2ª Calle de Nava (Emparan), donde esta el antiguo edificio de la Lonja Mercantil. Así mismo había otra conocida como “Pila de la Aguada” la cual se encontraba muy cerca de la Puerta de Mar o del Muelle junto al lienzo de muralla que corría junto al mar sobre la 6ª Calle de la Playa (Landero y Cos) a la altura de la 2ª Calle de la Alhóndiga (Zamora), de esta se abastecían principalmente los marineros para llevar agua a los buques que llegaban a Veracruz.

Y la última de las primeras fuentes se instaló el 4 de noviembre de 1819 en la Plazuela de Loreto (hoy Parque de la Madre), esta fuente fue adornada con una hermosa estatua de mármol que representaba La Caridad, muy parecida a la que estaba en el frontispicio del antiguo Hospicio Zamora la cual fue traída desde Alemania en 1860 y que hoy adorna los jardines del palacio del Registro Civil.

Este acueducto a pesar de ser una gran obra de la ingeniería de su época no era suficiente para esta sedienta ciudad y para apoyo de la dotación del agua, el gobernador español Don Juan Fernando de Palacio en el año de 1774 mandó a construir un pozo de almacenaje al cual se le conocía como “La Noria” estaba adherida a la muralla y su ubicación era en la 2ª Calle del Mesón del Buzo y la 2ª Calle de Punta Diamante (Aprox. Esteban Morales y Callejón de Reforma) flanqueada por los baluartes de Santa Gertrudis y Santa Bárbara.

La leyenda de los “túneles” nace debido a que en 1761 don Juan de Malibrán y Bósquez compra una hacienda a extramuros al sur de la ciudad, en ella se encontraba esta laguna de la que deriva su nombre, y de donde se alimentaba el acueducto mencionado, la viuda de este acaudalado caballero, la señora Beatriz Real –conocida como La Condesa de Malibrán- se hace cargo de la hacienda y de ella se desprendieron muchas leyendas, entre ellas que su elegante carruaje viajaba por el interior de este mal llamado túnel, desde su hacienda hasta la ciudad amurallada.

Al parecer, este acueducto también dotaba de agua a las iglesias y conventos, uniéndolos de forma subterránea y volaba la leyenda urbana que era utilizado por los frailes de distintas ordenes religiosas para ir de un convento a otro sin ser vistos a la luz del día; sobre todo, de ello se habló mucho que en la época en que se redactaron las Leyes de Reforma en nuestra ciudad (1859) los sacerdotes escondieron sus sagrados objetos --muchos de ellos de gran valor por ser de preciados metales- dentro de los acueductos para evitar que el gobierno Juarista se los confiscara, se decía también que en el “túnel” eran abandonadas hasta su muerte las monjas que resultaran embarazadas, cuestión difícil de entender debido a que en Veracruz solo había hombres en los conventos para que pudieran aguantar el difícil clima y la insalubridad de esta ciudad amurallada de los siglos XVIII y XIX, así como también se comentaba que el “túnel” pasaba debajo del mar, atravesando la bahía hasta llegar a la Fortaleza de San Juan de Ulúa, cosa por demás imposible de haber llevado a cabo debido a la tecnología de esa época.

Para los años 60´s del siglo XIX y después de casi ocho décadas de construcción de un nuevo acueducto que traía las abundantes aguas del río Jamapa, la red de fuentes fue ampliada hasta llegar a un total de catorce, inclusive algunas a extramuros como la hermosa fuente “Hidalgo” conocida comúnmente con el nombre de “Las Sirenas” inaugurada el 10 de febrero de 1867 y que se ubicaba en la antigua Alameda (Parque Zamora) donada por los artesanos de la ciudad como agradecimiento a los regidores Domingo Bureau y Sr. Sentíes por sus apoyos; en la Plazuela de Loreto -hoy Parque de la Madre- en donde se hallaba una de las viejas fuentes se construyeron en 1869 los famosos “Lavaderos Públicos” a expensas del Ayuntamiento estaban bajo techo y en funcionamiento las 24 horas del día y vinieron a solucionar en parte el problema del abasto del agua para lavar.

Una de las últimas noticias que se encuentran del funcionamiento del “Caño del Fraile” es que en 1880 la Sra. Murphy, concesionaria de la Fábrica de Gas que se encontraba a extramuros y en el antiguo paseo de la Libertad, solicita al Ayuntamiento el permiso para conectarse a este antiguo acueducto, pues su empresa no es beneficiada con la nueva introducción de agua, esto quiere decir que el antiguo acueducto de Pedro de Buceta continuaba funcionando ciento cincuenta y cuatro años después de su construcción, lo que nos demuestra lo excelente de su calidad.

Estos acueductos quedaron abandonados cuando se realizaron las obras del Puerto de Veracruz llevadas a cabo bajo el régimen de Porfirio Díaz, en donde por medio de potentes bombas construidas en El Tejar y con la moderna tubería se logró introducir el sistema de agua potable que dotaba de agua a todas las casas de Veracruz, y fue inaugurado el 27 de Febrero de 1904. Hoy en día, el antiguo acueducto llamado “Caño del Fraile” debe de estar en su mayoría derrumbado, el mapa de su ubicación desapareció de los viejos archivos quedando solamente los manuscritos del Fraile Buceta y por lo tanto se ignora por donde pasaba con exactitud, se habla que corría bajo los callejones del centro, e inclusive debajo de algunas casas, por platicas y comentarios de veracruzanos de la “Vieja Guardia” se sabe que cuando se hacían reparaciones o construían algunos edificios del centro se llegaron a encontrar los restos este antiguo acueducto, algunos en regular estado, que hace 286 años fue la primera introducción de agua potable a nuestra ciudad y del cual nacen las bonitas leyendas que nos contaban nuestros abuelos sobre los “Túneles de la Condesa de Malibrán”.

¿QUE ES UN CURADOR DE ARTE?

Por: J. Francisco Almazán Guillén
 
Cuando usted visita una exposición de arte, le podrán surgir una serie de preguntas:

¿Quien hace posible una exposición?, ¿Quien gestiona la valuación, manejo y preservación de las obras expuestas? , ¿Quien decide donde serán dispuestas las obras a exponerse?

Estas y otras actividades son desarrolladas por el curador de arte, el cual es un especialista en el ejercicio de los valores estéticos formado principalmente en el campo de la Filosofía, Historia del Arte, Artes Plásticas o Visuales.

El curador transmite al público el argumento a lo largo de una exposición, para lograr con esto la mejor comprensión de las obras expuestas y cumplir con los fines educativos de la misma, para lo cual debe elegir por principio el tema de la exposición, y realizar una selección de la obra que será presentada mediante un minucioso trabajo de investigación. Los Criterios para el Diseño y Montaje de una Exposición son por así decirlo… “La Firma del Curador”.

Existen Curadores de carácter Público, Privado e Independientes, a algunos de ellos los podremos encontrar en Museos, Galerías de Arte, Fundaciones o bien tomando espacios urbanos para dar a conocer su trabajo. Dependerá del tipo de museo, su importancia y su acervo museográfico lo que definirá el número de curadores especialistas que se desarrollaran en dichos espacios, cada uno cumpliendo una función específica que va desde la Jefatura, Diseño de la Exposición, Conservación, Investigación etc.

El Curador de arte por tanto es hoy en día el argumentista de una exposición, el puente de comunicación entre el artista y el público, el que da forma y enriquece una muestra, pero sobre todo es un catalizador de ideas y sentimientos.