miércoles, 28 de octubre de 2015

TLACOTALPAN, TIERRA DE MIS MAYORES

CRONICA DE UN VIAJE EN CUERPO Y ALMA. Por: Miguel Salvador Rodríguez Azueta Salvador Rodríguez López, sentado en su mecedora, nos contaba, en aquellas tardes calurosas de un Veracruz pasado, que había salido de Tlacotalpan natal, un año después de que los “gringos” tomaran por asalto el puerto de Veracruz. Fue cuando los “Rebeldes” empezaron a asolar la zona de la cuenca y la vida de un humilde pescador se estimaba en poco. Salvador contaba una anécdota especial. Cierta mañana doña María López, su madre, lo había enviado a vender dulces de leche al mercado. Salvador se dedico a vender su mercancía sin problema aparente, pero de pronto un muchacho más grande que él, intentó robarle. A pesar de que el muchacho era mayor, Salvador nos decía, que había impedido el robo “moqueteándose” al bribón abusador. Pasado el tiempo y durante el clímax revolucionario, una tarde pescando en el Papaloapan, Salvador y unos amigos, se toparon con una gavilla de “rebeldes”. Sorpresas de la vida, el que venía al mando, era aquel bribón que intentara robarle mercancía. Salvador terminaba la historia diciendo que el “rebelde” lo reconoció, y aceptó que había hecho mal al quererle robar sus dulces, y que si estaban en la “bola”, era para evitar esa clase de injusticias. Conclusión: Salvador la libró ese día, pero no se quiso arriesgarse a que lo jalaran a la “bola” y mejor un día tomó el tren y se fue a vivir al bullicioso puerto de Veracruz. Cerca de 25 años habían pasado sin que el que esto escribe regresara a Tlacotalpan. Cuando Salvador vivía, veníamos de vez en cuando y saludábamos al único familiar que se dejaba ver, porque siempre estaba en el muelle: Mecho Alegría. Mi abuelo y mi padre, siempre fueron poco afecto a los tratos sociales, mi padre continuo llevándonos esporádicamente a Tlacotalpan a convivir con la familia Romero, fueron contadas las visitas, tal vez unas cuatro y siempre recuerdo a doña Aleja, don Fauto y doña Martha con mucho cariño. Así pues, regrese hace unos días, a la tierra de mis mayores, en visita especial y acompañando a un sui generis grupo de amigos. Para empezar el equipo multiétnico y multidisciplinario estaba compuesto de: José Manuel, español y educador, Matías y Andrea, matrimonio de origen Suizo, uno politólogo y la otra ambientalista y Gloria, Jaliciencie de profesión maestra de francés y jaranera rebelde. Me sentí un tipo importante y afortunado, viajando con lo que imaginaba eran Observadores de la Naciones Unidas. En todo el viaje se habló francés, lengua que masco pero no domino, (situación que ameritaba un buen trago, con eso se me destraba la lengua siempre) anécdota que dio origen a la idea de un nuevo libro intitulado: “Como aprender francés fácilmente en 180 kilómetros” (Considerando la ida y la vuelta). Este viaje fue maravilloso, sin las presiones familiares de antaño (visita, come y vámonos) me di a la tarea de recorrer el pueblo, que a diferencia de cuando lo visitaba de niño, hoy luce con hermosos colores, calles adoquinadas y limpias. Los colores brillantes, la paz, los olores, que se conjugan para dar como resultado un pueblo que es cuna de hombres y mujeres ilustres, como Enriqueta Camarillo, Juan de la Luz Enríquez, Juan Malpica Silva, Alació Pérez, Gonzalo Aguirre, Humberto Aguirre Tinoco, Agustín Lara y los que se acumulen, porque esta es una tierra prospera en general, que se crece al castigo de la naturaleza, como bien decía Salvador Díaz Mirón: “La palma crece en la orilla que el oleaje azota”. Me da gusto que las nuevas generaciones también ponen de su parte para el rescate y difusión de la cultura en la cuenca, tal es el ejemplo de Mario Cruz, quien junto con su esposa le apostaron a un foro cultural llamado: “Luz de noche”, organizando un club de cine, fandangos y talleres (www.thechairtharocks.com). La oportunidad no la deja pasar Gloria y tomando una jarana de Mario, nos deleitan con el “Agua Miel” en un tremendo “palomazo”. Capto para mi alma imágenes surrealistas, observo flotar en las aguas inquietas del Papaloapan, pequeñas “Nacas” destripadas, lanzadas al rio después de practicarles un aborto involuntario, flotan inertes, vacías. Es la temporada de las “Hueva de Naca” y las bolsas conteniendo el exquisito manjar se venden a la orilla de la carretera. Carlos Vives se esmera, esta atento a los que el grupo de observadores internacional están pidiendo. Suculentos platillos empiezan a desfilar, para el festín de un monarca. Los suizos que además de todos sus estudios y reconocimientos internacionales, profesan el anarco guadalupanismo social, al igual que Manuel y Gloria, prueban con singular regocijo el Pampano empapelado y la mojarra al mojo de ajo. La conversación francófila prosigue y las exclamaciones de alegría me contagian de tal manera que creo haber avanzado al nivel 2 del idioma de Víctor Hugo, ya exclamo que “¡je sui trés heureux!” y todo es ¡Jolie bon!. Es hora de irnos y el grupo Internacional de Anarco Guadalupános pasa al presentar sus respetos a la virgen de la Candelaria, mientras yo, creyente devoto, de filiación Humanista creacionista, decido pasar a rendir culto a Baco, en “Blanca Nieves”, típica cantina, donde el tiempo se detuvo y si no es por la insistencia de los turistas Suizos y la mirada desaprobatoria de Gloria, me hubiera quedado a escuchar las anécdotas del tío Tobias por una eternidad y un día más. Un viaje en cuerpo y alma, lleno de anécdotas que vivirán en mi memoria y que me da la oportunidad de proseguir la tradición que iniciara el siglo pasado Salvador Rodríguez López, yo le contare a mis nietos como es la tierra de sus mayores.