lunes, 7 de abril de 2014

DE LA INTERVENCIÓN DIPLOMÁTICA A LA INVASIÓN ARMADA, 1914



“LA MEJOR ARMA FUE LA INDIGNACIÓN, ANTE EL ULTRAJE QUE ESTABA  OCURRIENDO”

¡A las armas muchachos, la patria está en peligro!
Comodoro Manuel Azueta Perillos

Por: Miguel Salvador Rodríguez Azueta

El pasado 1 de abril, fue presentado en la Sala de Cabildo del H. Ayuntamiento porteño, el libro: “De la Intervención Diplomática a la Invasión armada, México frente a la Estado Unidos durante 1914”, el primero de cuatro libros que tratará el tema de la intervención norteamericana de abril de 1914.

Al leer el ejemplar, pude comprobar que es un excelente recopilación e Investigación realizadas por  la Unidad de Historia y Cultura Naval de la Secretaria de Marina, con el apoyo de Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y del Gobierno del Estado de Veracruz, a través de la Editora de Gobierno, está ultima se encargó de presentar un edición digna y de calidad, que contiene ocho capítulos, los cuales rescatan anécdotas y datos, olvidados por la memoria colectiva.

Análisis interesantes sobre los antecedentes de la invasión, enfocados en política autónoma de Porfirio Díaz, tendiente a equilibrar la inversiones extranjeras en nuestro país, en donde, de acuerdo a datos  entre 1910 y 1911 la economía mexicana se encontraba en manos de 170 sociedades, de las cuales 130 era extrajeras,  mismas que aportaban el 77% del inversión total a México. El porcentaje de control de estas empresas en la economía nacional - sólo por señalar las estratégicas - era el siguiente: Petróleo 100%, Minería 98.2% y  Agricultura 95.7%

De acuerdo a la Obra, dos fueron las acciones en política exterior de Porfirio Díaz, que le hicieron perder la simpatía de Washington, el incidente de la Bahía Magdalena en Baja California, (Incluso el gobierno americano filtró el rumor de que Díaz pensaba vendérsela a los Ingleses o peor aún a los japoneses) y el caso de rescate del presidente depuesto José Santos Zelaya en Nicaragua en 1909 (Nota Knox)

También podemos encontrar  interesante bibliografía, difícil de conseguir hoy en día,  como el libro de la señora María Luis Melo de Remes, “Veracruz, Mártir , la infamia de Woodrow Wilson (1914)”  editado en 1966, así como partes oficiales  de guerra, crónicas periodísticas extranjeras y un listado de los  combatientes supervivientes por parte de la “Sociedad de superviviente de la patria contra la segunda invasión norteamericana en el H. Puerto de Veracruz”, acta protocolizada en 1945.

Mención especial, merece la crónica del Diario “El Imparcial”, del lunes 27 de abril de 1914,  que detalla la llegada de los jóvenes de la Escuela Naval a la ciudad de México.  “A las 12:30 del 26, llegaron los jóvenes aun portando sus uniformes que usaron durante la resistencia. El señor Élfego Uribe y su esposa Soledad Robles, esperaban noticias de su hijo Virgilio. 

Cuando vieron al comodoro Azueta, el señor Uribe le preguntó que noticias tenía de su hijo, a lo que el militar sólo le mostró una mancha de sangre que tenía en su chaquetón.  El señor Élfego se inclinó llorando y beso varias veces la sangre de su hijo y exclamó: ¡Murió por su patria!, días después el Comodoro pasaría por el mismo dolor, el 10 de mayo de 1914”.

El capítulo 6 a cargo de la capitana Leticia Rivera Cabrieles y del cabo José Herón Pedro Couto, es sumamente enriquecedor de lo que sucedió en la Escuela el 21 de abril, datos precisos: sólo 128  elementos defendían la escuela, la mayoría eran cadetes, casi niños, y cuya mejor arma, como bien señalan los autores del capítulo: “fue la  indignación ante el ultraje que estaba ocurriendo”.

No pierdan la oportunidad de adquirir, este libro, que ya se encuentra en formato digital en la página de la SEMAR.



@miguel_salvador